domingo, junio 19, 2016

Juan Tallón: "El bar es la casa a la que siempre puedes marcharte; los bares son nuestras biografías" - Faro de Vigo

Juan Tallón: "El bar es la casa a la que siempre puedes marcharte; los bares son nuestras biografías" - Faro de Vigo





Juan Tallón: "El bar es la casa a la que siempre puedes marcharte; los bares son nuestras biografías"

"La ventaja de la infelicidad es que con el tiempo se convierte en literatura" - "Escribo para una pared; el lector no existe"

19.06.2016 | 04:56

Juan Tallón apuraba ayer el vermú en el bar Cortés de la calle Lepanto, con la Catedral de Ourense al fondo. El dueño de la taberna, en el espejo. // Brais Lorenzo
Juan Tallón apuraba ayer el vermú en el bar Cortés de la calle Lepanto, con la Catedral de Ourense al fondo. El dueño de la taberna, en el espejo. // Brais Lorenzo
El universo de Juan Tallón (Vilardevós, Ourense, 1975) cabe en un artículo que puede comenzar con una visita a tientas al baño y desembocar en cómo trataba Borges el sexo. O recrearse en las vistas al tendedero de la vecina, "que quizás determinasen más mi estilo que la lectura y la digestión de Faulkner". Un borbollón de libros y citas, anécdotas, escenas fascinantes de películas, sentencias personales y alusiones al alcohol, sobre todo literarias, adereza los artículos de "Mientras haya bares" (Círculo de Tiza), una recopilación de textos publicados en medios como El ProgresoJot Down o su blogdescartemoselrevolver.com. ¿Sus razones? "Escribo para no hacer cosas aún peores", despeja en la cubierta. Tallón, que también colabora con El País y la Cadena Ser y es autor de las novelas "Fin de Poema" (2013) y "El váter de Onetti" (2014), así como de los ensayos "Manual de Fútbol" y "Libros Peligrosos" (2014), se sienta en la terraza del Trampitán de Ourense y pide un vermú.
- "Mientras haya infierno y bares cerca, hay esperanza", sentencias. Parece más que suficiente para que los bares merezcan el título de un libro.
- Es la casa a la que siempre puedes marcharte y una parte de la biografía de casi todo el mundo. A partir de los bares pisados a lo largo de la vida se puede reconstruir una parte de la historia de cada uno. Nuestros bares son nuestras biografías.


- En España somos potencia: 280.000 locales hosteleros; el país con más bares por habitante de la Unión Europea, uno por cada 170.
-Tenemos una cultura de bar que casi ningún país tiene. Podemos pensar en Irlanda, con el concepto del pub, pero en ningún otro lugar se vive de una manera tan natural esa convivencia entre el bar y el hogar; sales de casa pero te vas al bar, pasas de una casa a la otra. Es absolutamente español.
- Relatas en uno de los artículos del libro cómo James Joyce, César Aira, Hemingway o el poeta José Hierro creaban en los locales. ¿Eres también de los que buscan inspiración entre el ruido de la mesa de al lado, la cafetera y la barra?
- Puedo tomar alguna nota, pero nunca he escrito en los bares con demasiado fortuna. Necesito más intimidad, a pesar de que el bar es perfectamente solitario aunque esté lleno de gente. Puedes estar solo, si quieres, en la mitad de un huracán. Yo escribo en casa o en las bibliotecas. En casa, preferentemente, porque puedo estar descalzo o en zapatillas.
- Escribes "para no hacer cosas aún peores". Y en tus textos lo que más florecen son las citas y las historias sobre literatura y autores.
- Siempre me interesaron los procesos creativos de la literatura, la obra y la vida de los escritores, porque al fin y al cabo son con quien más convivo, más incluso que con los camareros. Como resultado de esa convivencia extraigo un material narrativo que me sirve para escribir mis propias historias. Tienen mucha presencia porque creo que sirven para contar las cosas que yo, por mí mismo, no soy capaz de contar. Las vidas de esos otros escritores son útiles para expresar lo que quiero evocar.
- Temas menos ligados a la actualidad, con exponentes del nuevo columnismo como tú, Jabois, Manuel de Lorenzo, Antonio Lucas o algún otro, ¿han llegado para quedarse en la opinión de diario?
- Cada vez estamos más atosigados por la información. Tenemos muchos datos pero nos falta algo más. Toda esa lluvia constante de actualidad acaba provocando cierto hastío y uno procura un paraguas para aislarse de la tormenta. Algunos columnistas, o mejor dicho algunos columnistas algunos días, tratan temas que escapan de la actualidad pero que forman parte de la realidad. La actualidad caduca cada minuto y muere una vez que toca el suelo; la realidad es mucho más duradera.
- Has sentenciado en alguna entrevista que el lector para ti está muerto. ¿Para quién escribes?
- El lector no existe. Para mí el lector no está inventado en absoluto. Yo escribo para una pared, para mí mismo. Eso me ayuda a evitar lo que en literatura a veces es común: fingir. Creo que el texto será más honesto cuando piensas en el texto en sí y no en un texto para alguien. Después no hay un perfil de lector, hay muchos lectores distintos entre sí. El lector está muerto antes de publicar y después aparece.
- Como lector ávido que eres [en su anterior obra, Libros Peligrosos, hiló en un continuo las claves de 100 libros que lo marcaron], ¿qué es más importante: leer, subrayar, anotar...?
- Asimilar. Hay lecturas que te perturban y van directas a tu libreta para tenerlas siempre a mano. Yo siempre leo con bolígrafo y libreta. Cuando un libro me perturba o me provoca cierta relajación me gusta dejar constancia por escrito.
- Amante de la intertextualidad, ¿te gusta ver tus frases en textos ajenos?
- Todos robamos pero no todos consiguen ser robados. Es una buena señal que alguien subraye y copie un texto o una frase tuyos; no sé si se puede aspirar a mucho más.
- En varias de las columnas aparece casi como un personaje La Redacción, a veces como lugar desapacible. ¿Esa época de periodismo entre cuatro paredes qué supuso?
- Esa época es un fuego que nunca se apaga. Si bien en el momento me produjo una gran infelicidad, con el tiempo se está transformando en un instante gozoso que no termina. Me proveyó de un interesante material narrativo. Esa es la ventaja de la infelicidad, que con el tiempo se convierte en literatura. La felicidad es más efímera y breve, y no siempre eres consciente de que la experimentas, pero sí cuando estás delante de un momento infeliz.
- Por lo que leo, si en algún artículo se alude a las pajas, se dice.
- Lo políticamente correcto es la gran amenaza del columnismo. Si hay que hablar de pajas, se habla. Es un material narrativo como otro. El humor es una atmósfera, no es una opción, es un elemento más del oxígeno con el que trabajo, algo que inevitablemente se filtra. No hay que abusar de él, pero tampoco aguantar la respiración. Para que sea efectivo no puede ser una constante, sino muy puntual, que entere sin avisar para iluminar una habitación como un mechero encendido.

martes, junio 14, 2016

Eva Heyman



Eva Heyman


Web oficial de Adolfo García Ortega - Otra Galaxia - Eva Heyman










19 de mayo
Cae en mis manos un libro singular titulado ‘He vivido tan poco’ (Ned Ediciones). Es el diario que escribió una niña de trece años llamada Eva Heyman en los tres meses previos a su deportación a Auschwitz, en mayo de 1944, desde la ciudad húngara de Varad (hoy Oradea, Rumanía). El texto es propio de una adolescente; está lleno de observaciones y comentarios precisos y atinados sobre el mundo que la rodeaba y sobre su vida de niña que despierta a la vida, a los conflictos, al amor y a la turbulencia de los hechos adultos. Es un diario excepcional en sí mismo, por su asombrosa madurez y gracilidad. Sin embargo, no sería más que el diario de una chica avispada y pizpireta…si no hubiera muerto como murió. A lo sumo, sería el diario de una narradora en ciernes. Pero la muerte lo cambió todo: la sabida deportación de cientos de miles de judíos húngaros a partir del verano de 1944 y su posterior asesinato en los campos de exterminio, convierten a este diario en una pieza inmortal, en un símbolo, en una luz, en una obra ‘necesaria’. Tan necesaria como lo son hoy en día los diarios de Ana Frank o de Hélène Berr, hallados y publicados después de sus respectivos asesinatos.
El diario de Eva Heyman nos trae a Eva Heyman en toda su realidad y nos sume en su percepción de las cosas. Nos hace como ella. Nos hace cómplices de su vida. Poseemos sus secretos, optamos por sus opiniones, temblamos con sus mismos temores y ansiedades. Igual que sucede con los de Ana Frank o Hélène Berr (esta algo mayor que las otras dos pero igual de bondadosa e inocente), es un texto que plasma la evolución del viaje diario hacia la asunción de la anormalidad como parte de la normalidad. En el diario de Eva Heyman, esa ‘anormalidad normal’ son hitos terribles, como cuando el 19 de marzo del 44 los alemanes invaden Hungría; o el 29 de marzo los nazis empiezan a requisar a los judíos, paulatinamente, todos sus objetos, primero la ropa de cama, luego las máquinas de escribir, luego bicicletas y cazuelas, luego radios y libros, luego la ropa de vestir y la plata, etcétera; o el 31 de marzo les obligan a llevar la estrella amarilla cosida a la ropa. Los tres diarios de de esas niñas inocentes hablan con una fría normalidad de lo que ocurre a su alrededor en aquella época y leerlos hoy, sabiendo lo que aconteció posteriormente, produce un inevitable escalofrío de horror y de piedad. Cuentan con naturalidad el cataclismo social y político del momento y relatan la destrucción de los judíos europeos con un insólito sentido de la fatalidad.
En ‘He vivido tan poco’ (título puesto por Agi, la madre de Eva, quien editó los diarios en los años sesenta y posteriormente se suicidó), Eva habla por igual de hechos personales, familiares o de su entorno, ajenos al devenir que el destino la tenía preparado. Sucesos como la pérdida de la farmacia de su abuelo Racz, o el comportamiento de su histérica madre, o el apunte de su primer enamoramiento, o el traumático divorcio de sus padres, o la presencia fantasmal de su amiga Marta, llevada a Polonia unos meses antes que ella, delatan la vida intensa que Eva Heyman experimentaba a sus trece años. Una vida que la publicación de su diario rescata por encima de toda muerte y cuya lectura actual sirve para que, como pedía el escritor húngaro Imre Kertész, Auschwitz no sea un ‘recuerdo muerto’.
Auschwitz siempre será ‘vida no vivida’. El diario de Eva Heyman es un libro que nos avisa de una escritora, de una narradora muy talentosa. ¿Habría sido escritora, de haber sobrevivido a los campos? ¿Habría sido fotógrafa de prensa, como dice ingenuamente que quería ser? Da igual lo que hubiera sido, el caso es que no lo fue. Esa es la clave. Fue cercenada para que no existiera más. Esa es la vida que se volatilizó, que no volverá. La vida no vivida que se desparrama en Auschwitz como el agua se cuela por los dedos de una mano. Al leer diarios como este de Eva Heyman, se nos brinda la oportunidad de ser conscientes de la enorme cantidad de vida que no volverá, que se perdió por generaciones. Justo es recordarlo. Y obligatorio. Ya el título alude a ello: ‘He vivido tan poco’, que equivale a denunciar ante las generaciones futuras que la brevedad de una vida corta es más breve aún cuando se extermina brutal y gratuitamente.
En la Hungría de final de la guerra, más 480.000 judíos húngaros son asesinados a partir del verano de 1944. Suponen la última gran bolsa de judíos que pasará por Auschwitz, ya al final, cuando ellos mismos creían que se habían librado, que la cosa no iba con ellos. Pero, ¿de qué ‘cosa’ se trataba? No lo sabían muy bien, desconocían la verdadera suerte del resto de judíos europeos. Cierto que les llegaban rumores y oían la BBC de Londres advirtiendo de los campos de exterminio, pero pensaban que era propaganda antipatriótica (y los judíos húngaros eran, antes que judíos, patriotas húngaros); y cuando pudieron tener una información veraz, los nazis les quitaron los aparatos de radio. No sabían, por tanto, nada de Auschwitz ni de los campos polacos. Y quienes lo sabían, lo ocultaron para que no cundiera el pánico entre los judíos. Por eso, los 480.000 judíos húngaros vivían en una relativa ignorancia. El diario de Eva Heyman da fe de esa burbuja en la que existían. La última anotación data del 30 de mayo del 44. Eva llega a Auschwitz el 3 de junio. Muere el 17 de octubre. De edades parecidas, hay un inevitable paralelismo entre Imre Kertész y Eva Heyman. Probablemente ambos coincidieron en ese campo aquellos meses. Kertész vivió y pudo escribir sus libros y recibir el Nobel. Eva, no. Nunca sabremos si la vida le habría deparado a ella algo parecido. Auschwitz mató el futuro.

domingo, junio 12, 2016

MINHA EXPERIÊNCIA COM O POLIAMOR




Aquí CUIDADO COM O AMOR ROMANTICO
http://www.poesiaspoemaseversos.com.br/


MINHA EXPERIÊNCIA COM O POLIAMOR
(Um não tão breve depoimento sobre o que ficou dessa experiência com o poliamor, só pra quem tiver interesse em saber mesmo…)
A primeira coisa que me perguntam, quando me adicionam a partir do grupo de POLI, é: “você pratica poliamor?”. Coerente. Raras vezes, a pergunta vem seguida de um debate ou discussão produtiva. Na maioria das vezes, seja uma conversa com homens ou mulheres, a pergunta que segue é “você curte mulher?”. Sem pudor algum. Sensato. A minha resposta tem sido “não” para ambas as perguntas.
Um breve resuminho. Meu nome é Paula Moraes, curso jornalismo, tenho 20 anos e sou hétero. Sim, já tive experiências afetivas (sim, exclusivamente afetivas) com garotas. E o que eu descobri com isso? Que eu estava certa desde o início: eu gosto mesmo é de homens. Inclusive, cheguei a gostar de um rapaz há anos atrás. Mas não era apenas gostar, era amar. Amor de verdade, daqueles que te fazem perder a noção do tempo, e tudo o que existe é um futuro a dois repleto de felicidades e etc. Até que eu me apaixonei por outro. Podia jurar que estava apaixonada, e fiz o garoto abrir mão de tudo no RJ pra vir passar um tempo comigo em MG. Durou duas semanas. Nunca soube se era paixão, atração ou distração. Sei que a relação não fluiu. Nem com um nem com o outro. Mas pelo outro era amor. E ele nunca saiu da minha vida de forma permanente. A relação sofreu transformações, mas o amor seguiu intacto. Nesse tempo, perdi a conta das relações que tive. Senti atração, paixão, desejo e muitas outras coisas. Em nenhuma delas constatei que era amor. Mas sei que poderia ser. E por isso continuei disponível para conhecer novos caras. Algumas relações duraram mais do que outras. Normal. Alguns rapazes não aceitaram bem a idéia de “dividir” uma mulher. E tentaram me aprisionar.
Então não. Eu não vivenciei um poliamor com essa configuração de estar com duas pessoas que também se relacionam entre si. Até mesmo porque, o poliamor nunca teve esse conceito pra mim. Eu e o Lucas conversamos muito antes de criar o grupo aqui de BH. A idéia era reunir adeptos, simpatizantes e curiosos sobre o assunto. Não porque já tivéssemos vivenciado. Mas porque tínhamos uma idéia em comum do que era o tal poliamor, e achávamos que faltava espaço para a discussão. Então alimentamos a idéia. Raras ocasiões o grupo foi, de fato, um espaço para o diálogo. As conversas que vieram até mim por inbox, na maioria das vezes, não passaram do “você curte mulher?”. Porque eu sabia onde terminaria. E se eu tivesse procurando por ménage com um casal, certamente não seria na comunidade de poliamor. Mas foi o que o grupo significou pra muita gente que surgiu por aí: um espaço para casais caçarem mulheres para práticas sexuais. Não falo só por mim. Sei que aconteceu o mesmo com outras garotas do grupo. Longe de mim condenar pessoas em busca de aventuras sexuais, mas acontece que o grupo não foi criado, inicialmente, com esse intuito.
Voltando. A minha experiência aqui no grupo. Conheci pessoas bacanas aqui no grupo e no grupo de poli nacional. (uma delas, inclusive, foi uma garota que entrou numa roubada comigo, e hoje é uma grande amiga). Tive experiências enriquecedoras e decepções terríveis. Mas infelizmente, o saldo de toda essa experiência, até o momento, foi mais negativo do que positivo. Talvez porque coloquei expectativa onde não devia.
E o que eu penso sobre o poliamor? Desde o início, não vi o poli como padrão, modelo ou convenção. Eu detesto padrões, modelos ou convenções. E talvez por isso não tido êxito nas minhas relações mono. O poli sempre foi uma possibilidade. De me relacionar com quem e quantas pessoas eu quisesse, com consentimento de todos os meus parceiros envolvidos. Mas longe de ser uma obrigação, um modelo a ser seguido. Um quebra-cabeça onde meus parceiros fossem peças a serem encaixadas. Confesso, era ideal que eu pudesse ter mais de um parceiro. Mas nunca vi isso como ideal de satisfação e felicidade. Talvez tenha colocado muita expectativa porque as experiências mono não foram tão satisfatórias. E a idéia de ir pelo caminho diferente, já fosse algo seguro de que daria certo. E não deu. Até agora. O poli sempre foi a possibilidade de estar com alguém, mas em caso de aparecer outro alguém, eu estar disponível para descobrir o “e se?”. Contanto que isso não magoasse meu parceiro. Podia ser ou não podia. Simples. Livre. Como eu pressupus.
O que as experiências com o pessoal de poli me mostraram? Como já disse Ivan Martins, “O universo dos relacionamentos é mesmo uma espécie de continente, sempre à espera de ser explorado. Ele nos conduz a lugares onde nunca estivemos, nos descortina paisagem interiores que não sabíamos existir, nos transforma de fora para dentro – e, então, de dentro para fora –, abre portas e cria novas formas de lidar com a vida.” As experiências serviram pra reforçar essa idéia. Mas o resultado que tive através do contato com homens e casais que me encontraram a partir do poliamor foi diferente. Percebi que os homens que buscam “relações livres dos moldes monogâmicos” não desconstruíram a idéia antes de sair à caça. Basicamente, eles buscam sexo livre, através do discurso do amor livre. Quando na verdade, eles não estão buscando amor. Percebi que os casais que buscam “outro alguém para incluir na relação”, nada mais buscam do que aventuras sexuais a três. Os homens que clamam pelo “amor sem posse”, tem uma dificuldade enorme em deixar a parceria livre e disponível para outros homens. Existe uma resistência enorme nisso por trás do discurso da tal liberdade. Quando deveria ser simples. Nesse um ano e meio de administradora do grupo, me doei para relações e fantasias sem esperar muito em troca – além de respeito (o básico). E quanto mais eu cedia, mais o parceiro insistia na idéia de “se você ficar com uma garota vai acabar gostando e podemos ser felizes juntos”. Nada contra, mas nunca foi algo para o qual eu me dispus. Então emendei relações em outras, que na verdade queriam coisas muito semelhantes: que eu curtisse a parceria que eles já tinham, ou que eu ajudasse na caça por outra garota. Quando na verdade eu nunca quis isso. Acabava me anulando nas relações por não conseguir oferecer algo para o meu parceiro que desde o início ele sabia que era inviável.
Outro ponto. As pessoas tem uma capacidade enorme de se frustrarem quando o modelo falha ou nunca acontece. É o que eu mais vi. As pessoas sentem-se tão livres com a idéia do “amor livre” ou “poliamor”, e acabam prisioneiras de modelos “ideais” que nunca funcionam na prática. Na maioria das vezes, porque eles tem medo da prisão que pode ser o amor mono. Fala-se tanto em fugir dos moralismos sociais, das convenções histórico-sociais, em romper e desconstruir os valores cristãos, mono e heteronormativos, e eu realmente acredito que é necessário repensar muitas coisas na sociedade atual. E uma delas é o papel da mulher. Nas relações, na sociedade, no trabalho, etc. Mas não vi o poliamor contribuindo nesse sentido. Pelo contrário, vi uma opressão muito forte no que diz respeito a posição da mulher. Em várias circunstancias me senti oprimida, sendo o elo mais frágil de um “triângulo amoroso”, sendo a pessoa procurada só para sexo, ou não tendo os mesmos direitos numa relação, do qual os homens dispunham. Não porque eu não soube me posicionar, mas porque não houve aceitação da parte deles. Eu acredito que o ato de questionar, de desconstruir, de construir um pensamento e uma filosofia de vida, são passos importantes. Mas não deve ser só com o intuito de “fazer o diferente do que todo mundo faz”. Deve ser consciente, e em concordância com nossas pré-disposições, limites, valores e interesses. Deliberadamente.
Então meio que copiando o trecho de uma garota que fala também sobre sua experiência com o “poliamor disfarçado”, posso afirmar que “eu até gosto de sexo-livre, quando a relação me deixa bem consciente do que tá acontecendo. Eu tenho tesão, gosto de dividir essa disponibilidade com alguém. Sexo é divertido, gostoso, saudável. Mas são pessoas. Ou seja, são pessoas com quem me relaciono. E pra mim, por ser mulher, preciso parar e pensar a cada momento sobre qual papel eu estou ocupando. Resumindo: ter sexo livre da forma sacaneada como ele acontece, principalmente pras mulheres, não vai sanar minha sede por relações verdadeiras num mundo caótico. Não vai.”
Outro dia falei aqui no grupo algo sobre interpretações. E que tudo que a gente vive e aceita, e adota, e enfim, tudo passa por aí. Temos interpretações distintas de coisas que lemos, que vemos, que vivenciamos, porque temos experiências distintas. E ponto. Há quem interprete esse desabafo como um desabafo da minha própria frustração com minhas experiências não mono. Mas a minha interpretação é exatamente isso: a minha interpretação, nesse um ano e meio de grupo, sobre o que eu vi, vivi e me permiti aqui no grupo e com pessoas do grupo.
Sigo com o preceito básico de que o amor não deve ser outra coisa se não livre. Mas acontece que até mesmo a liberdade tem interpretações distintas. Nunca me senti atraída por padrões, modelos e convenções. Acredito em entrega. “Relações livres, ou qualquer uma que se disponha a questionar a monogamia, não diz respeito a quantos parceiros sexuais você tem. E sim à forma como você se relaciona.”
O que ficou dessa experiência? Não, eu não descobri que eu me encaixo num molde ou em outro. Ou que assim é certo e daquele jeito é errado. Descobri que posso me permitir. Que todos podem, e essa é a graça de ser livre. E isso por si só, já é incrível. Descobri também que o amor, o convívio, a entrega, a construção de uma relação são profundamente transformadores. Sobretudo porque são opcionais.
(Bem, quem tiver algum depoimento, observação sobre a própria experiência com o poliamor e sentir-se à vontade para compartilhar, conversar e será bem vindo no meu facebook.)

jueves, mayo 26, 2016

Kiki d'aki-accidente





Accidente.Kiki D'akí

Ex-cantante de "Las Chinas", su mayor éxito fue esta canción de Fernando Márquez. Otra de las canciones que marcó nuestra juventud.

No tengo celos de ella
es tan sólo un accidente
que cubrirá la marea
que arrastrará la corriente.
No tengo celos, de veras
no pienso darle importancia
te olvidarás sin problemas
en cuanto no te haga gracia,si.
Es una tormenta
en una bola de cristal
es ese tornado
que limpia el polvo en tu hogar
es el tonto incendio
de un bistec a medio hacer
es el gris naufragio
de una tacita de té.
Accidentes tan pequeños
no me pueden afectar jamás.
No tengo celos, que idea
dime si encuentras motivo
para el dolor de cabeza
o perderé el apetito,di.

(compuesta por EL ZUDO)

martes, mayo 17, 2016

“Mi padre está enterrado con el asesino. ¡Es un insulto!”

“Mi padre está enterrado con el asesino. ¡Es un insulto!” | España | EL PAÍS







Manuel Lapeña junto a sus familiares. BERNARDO PÉREZ


Manuel Lapeña nunca fue a escuchar las misas de Bienvenido, el cura de Villaroya de la Sierra (Zaragoza). Cuando la Comisión de Incautaciones le citó a declarar en diciembre de 1937, el sacerdote dijo: “Manuel Lapeña era veterinario. Fue el fundador de la CNT y causante de todo el mal que ha ocurrido al pueblo, pues supo engañar a la juventud arrastrándola por estos derroteros tan nefastos. Un tipo verdaderamente cretino, hombre funestísimo por todos los conceptos, que fue fusilado”. Purificación, nieta de Manuel, enseña el documento de esa declaración que ha leído mil veces. “Hubo curas que salvaron, y por desgracia, hubo curas que se dedicaron a hacer listas de rojos”.
Lapeña no tuvo juicio, ni sentencia. Los falangistas le pegaron un tiro en julio de 1936 y lo arrojaron a una fosa. Pero un año después, el bando franquista abrió un expediente al muerto para imponer a su familia una multa de 1.000 pesetas y embargar sus bienes: un huerto. un corral. Tenía 44 años y cuatro hijos cuando lo mataron. El único que aún vive, Manuel, que hoy cumple 92, batalla ahora para recuperar los restos de su padre.
Un juez de San Lorenzo de El Escorial, José Manuel Delgado, cree que “existe alta probabilidad” de que esté en el Valle de los Caídos porque las fosas de Manuel Lapeña y su hermano Ramiro, también fusilado, pudieron ser dos de aquellas en las queel Régimen robó cuerpos en 1959 para alimentar las criptas del mausoleo franquista. El pasado 30 de marzo ordenó dar “digna sepultura” a ambos fusilados. Es decir, exhumarlos. Ninguna de las partes personadas en la causa recurrió su decisión en plazo. Pero Patrimonio Nacional aduce que la orden “no es firme”. El abogado Eduardo Ranz llevará el asunto al Tribunal Supremo si no se ejecuta. Mientras, Manuel espera. Así relata la trágica historia de su familia.
“Salí a esperarlo a la puerta de casa, pero nunca volvió”. Manuel tenía entonces 12 años. Un vecino vio la bicicleta de su padre abandonada en mitad de un camino. Otro comentó por el pueblo: “Ha caído Manuel Lapeña...”. Pudo huir, pero no quiso. “La última vez que hablamos me dijo: ‘Tú no te preocupes que a mí no me van a hacer nada porque yo no he hecho nada’. Era un buenazo”.
Su madre había muerto antes del inicio de la Guerra Civil en el parto de su quinta hija, que tampoco sobrevivió. Así que aquel verano de 1936, Carlos, de 14 años, Manuel y Elisa, de 12, y Amelio, de 10, quedaron huérfanos. “Poco después vinieron tres camiones a casa de mi abuela preguntando por mi tío Ramiro. Estuvo como un perro escondido en el monte... Le dijeron que no le pasaría nada y fue tan tonto que se entregó”. Le mataron en octubre, tres meses después que a su hermano.Tenía 39 años, estaba casado y era padre de dos hijos.
Retrato de Manuel Lapeña, fusilado a los 44 años.





Retrato de Manuel Lapeña, fusilado a los 44 años.






La tragedia dispersó a la familia. Manuel, su hermano Carlos y su hermana Elisa, fueron enviados con unos tíos a Zaragoza. Solo Amelio, el más pequeño, permaneció en el pueblo. Falleció porque durante una pelea que había empezado por ser “hijo de rojo” se golpeó la cabeza, relata Purificación. Tenía 14 años.
La familia ha dedicado años a rastrear el paradero de Manuel y Ramiro y ahora batalla para sacarlos del  Valle de los Caídos. “Mi padre está enterrado junto al asesino, al mayor criminal. ¡Es un insulto!”, se indigna Manuel. “Quiero enterrarlo como es debido, junto a mi madre, en su pueblo”.
No es la única familia. Ellos, como Fausto Canales, que también tiene a su padre y a su tío enterrados en el mausoleo, llevaron su caso hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, sin éxito. Las siete denuncias planteadas por la vía penal fueron archivadas por prescripción, por la ley de amnistía o porque no se podía perseguir al culpable. En noviembre de 2014, el abogado Eduardo Ranz, que ayuda desinteresadamente a familiares de represaliados, decidió intentarlo por la vía civil recurriendo a la “perpetua memoria”, un procedimiento de jurisdicción voluntaria utilizado a principios del siglo XX para cuestiones de herencias que el Tribunal Supremo “rescató del cajón”en un auto de 2012 en el que cerraba la vía penal para investigar los crímenes del franquismo, pero señalaba la civil. 
El año pasado, el Gobierno de Rajoy derogó los artículos de la ley de enjuiciamiento civil, de 1881, a los que Ranz había recurrido para solicitar la exhumación. No afectó al procedimiento porque se había presentado antes del cambio legal y el juez José Manuel Delgado ordenó que se llevara a cabo, pero complica que otras familias en situaciones similares puedan usarlo como precedente.

Una montaña de huesos





Declaración del cura del pueblo sobre Manuel Lapeña ante en la comisión de incautaciones, en 1937.






Pero existe otra dificultad, la técnica. Andrés Bedate, el forense enviado por el Gobierno socialistapara examinar el estado de los restos enterrados en el Valle de los Caídos, emitió en febrero de 2011 un informe descorazonador. Filtraciones de agua habían destruido muchas de las cajas de madera y convertido el interior de algunas de las capillas y criptas en una “montaña de huesos”.
El mausoleo alberga los restos de 33.833 personas (el equivalente a la ciudad de Teruel), distribuidas en siete capillas y criptas. En la capilla Virgen de África y en la del Carmen los restos estaban en buen estado. En la de la Inmaculada, la de la Virgen de Loreto y la cripta del santísimo estaban “fracturados y aplastados”; La familia Lapeña cree que Manuel y Ramiro, como todos los cuerpos procedentes de fosas de Calatayud (hasta 81) fueron inhumados en un lugar que no fue examinado, el piso tercero de la cripta del sepulcro.
Bedate anotó en su informe que no había visto su contenido “por imposibilidad técnica de acceso”. Miguel Angel Capapé, el marido de Purificación y presidente de la Asociación para la Recuperación e Investigación contra el Olvido (ARICO), acompañó a un grupo de familiares a ver el interior de las criptas en 2011. “Había muchos huesos amontonados. En uno de los niveles se veía la tapa de una caja de madera, con un nombre individual y otra con el nombre del pueblo de donde procedían los restos. Pero el piso tercero, donde creemos que están Manuel y Ramiro no lo vimos”. 

La opinión del forense Etxeberria 

El forense Francisco Etxeberria ha abierto cerca de 200 fosas comunes del franquismo, algunas en lugares complicados como minas, pozos, cavernas... Ha examinado los restos de Miguel de Cervantes, de Lasa y Zabala, del expresidente chileno Salvador Allende o del poeta Pablo Neruda, pero exhumar en el Valle de los Caídos, asegura, sería su mayor reto profesional: “No hay ningún sitio igual en el mundo”. La familia Lapeña ha solicitado a Patrimonio Nacional que sea él quien asuma los trabajos.
Etxeberria conoce las fotos de “montañas de huesos” del informe del forense Andrés Bedate. “Es mucho más difícil esto que buscar una fosa común en un monte, pero es pertinente intentarlo. La familia tiene derecho”. 
Si los restos están en el piso tercero de la cripta del sepulcro podrían haberse salvado de las filtraciones de agua, pero “es imposible saberlo hasta que no se abra”. La Asociación de Defensa del Valle de los Caídos amenaza con querellas si se ejecuta la orden del juez de San Lorenzo del Escorial. El forense niega que la exhumación pueda suponer una "profanación de tumbas". "Somos profesionales cualificados, médicos. Hemos abierto fosas comunes en cementerios, junto a restos recientes, y siempre con el máximo respeto. De hecho, se podría aprovechar para dignificar los restos de las víctimas del bando franquista que ahora están amontonados y sustituir las cajas de madera por otras de materiales más resistentes”. El juez ya desestimó la petición de una mujer de Jaén para personarse en la causa porque su padre también está enterrado en el Valle. El tribunal estableció que los restos estaban muy lejos de los columbarios donde se cree que fueron inhumados Manuel y Ramiro Lapeña.
Exteberria opina que en España hay “un equipo de profesionales” capacitado para intentarlo, pero “sin crear falsas expectativas”. Todo depende del estado de la caja de Calatayud, si se encontrara. Y también de la “proporcionalidad”. De si, para identificar a dos personas hubiera que extraer ADN de decenas de restos, por ejemplo. Y del coste. El juez de El Escorial indica en su auto que la familia tendría que correr con los gastos. 
La tarea es muy complicada, y ese fue uno de los motivos por el que la Comisión de Expertos designada en 2011 por el Gobierno de Zapatero para evaluar el futuro del Valle de los Caídos propuso sacar los restos de Franco del mausoleo. Era la forma más fácil de cambiar de significado al monumento y aliviar a los familiares cuyos seres queridos habían sido inhumados junto al dictador sin su consentimiento.
Manuel no ha pisado nunca el Valle de los Caídos y solo tiene intención de ir una vez: para ver cómo rescatan los restos de su padre y de su tío. Sabe que no es fácil, pero tiene una familia detrás que le apoya y no se rinde. 

jueves, marzo 03, 2016

La Ruta de los Balcanes… El viaje a ninguna parte de los refugiados | FronteraD

La Ruta de los Balcanes… El viaje a ninguna parte de los refugiados | FronteraD

La Ruta de los Balcanes… El viaje a ninguna parte de los refugiados

Texto y fotos: Czuko Williams - 03-03-2016








Cada día, miles de refugiados transitan por el camino que, en la frontera entre Macedonia y Serbia, separa el “Área de registro y tránsito” de Tabanovtse y Miratovac.







El flujo migratorio procedente de diferentes países de Próximo Oriente y Asia ha consolidado en los últimos meses su línea de acceso a Europa a través de los Balcanes. Decenas de miles de refugiados sirios, afganos, iraquíes, paquistaníes y, en menor medida, eritreos y somalíes, recorren, a la búsqueda del ansiado El Dorado alemán, un vericueto de áreas de registro y tránsito –eufemismo “de la acción humanitaria” para denominar a los campos de atención al refugiado en esta región–. La insistencia de los gobiernos implicados y de las principales organizaciones internacionales encargadas de las cuestiones de refugio y asilo acerca de esta definición tiene un interés claro: en Europa no hay campos de refugiados. Aunque lo parezcan, no podemos asumir una Europa, ni siquiera en su periferia, con campos que recuerden a aquellos de los ignominiosos años cuarenta.

En un frenético y agotador viaje, cientos de miles de personas arrastran a sus familias a lo largo de miles de kilómetros atravesando fronteras cada vez menos accesibles, mientras el problema migratorio amenaza con convertirse –si no lo es ya– en la mayor crisis humanitaria en lo que va de siglo.

Los datos son claros. Según OCHA (Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios), UNHCR (el Alto Comisionado de la ONU para los refugiados) y laIOM (la Organización Internacional de las Migraciones), en la primera semana de febrero, 8.531 refugiados llegaron por mar a las costas griegas, 16.717 pasaron la frontera Macedonia, 16.426 cruzaron a Serbia, 17.966 alcanzaron Croacia y 16.744 Eslovenia. Por su parte, la política de cerrazón de Hungría arroja la lacónica cifra de 376 entradas en el país durante las mismas fechas. El mensaje para los grupos políticos y sociales más conservadores también es claro. Cerrar las fronteras funciona como medida “profiláctica”. Peligrosa premisa, sin duda. Pero el ejemplo parece haber tenido su eco y a finales de febrero, de nuevo, las fronteras de Macedonia se cerraron al tiempo que comenzaba la selección de aquellos refugiados, en especial afganos, que no podían continuar su viaje o que debían ser devueltos a su lugar de origen.

La política migratoria está chocando con el afloramiento de la desigualdad de pareceres e intereses tanto en Europa como en su periferia. Mientras una Europa cada día más enrocada se amuralla y recrudece su política de asilo y refugio, los líderes de la Unión tratan de convencer a los países limítrofes –ávidos de contentar a Bruselas para facilitar su futura adhesión– de la necesidad de que multipliquen la atención y acogida de refugiados. No en vano los principales pretendientes a integrarse en la Unión –Turquía, Macedonia y Serbia– son los países a través de los cuales se está organizando el flujo de migrantes y refugiados.

En noviembre de 2015 el ejército esloveno comenzó a levantar vallas en sus fronteras, especialmente en Obrezje, al oeste de Zagreb, y en torno al paso fronterizo de Gibina, principales pasos hacia Austria y Alemania. En enero de 2016 Macedonia ultimaba el cierre del perímetro de sus fronteras con Grecia con una doble línea de altas vallas y concertinas. La postura de Hungría ha sido más radical, cerrando su frontera y fortificándola para evitar el flujo migratorio “incontrolado”. La postura del presidenteViktor Orbán es clara, según ha declarado en varias ocasiones a los medios: “los inmigrantes, principalmente musulmanes, suponen una amenaza a la prosperidad de Europa, a la seguridad y a los valores cristianos”. La postura turca no es menos clara, como se desprende de las reiteradas peticiones de Ankara en las reuniones mantenidas con líderes europeos. Turquía quiere dinero de Bruselas a cambio de frenar el flujo de migrantes a Europa, pero también ha advertido a los 28 de que Turquía no se convertirá en un campo de concentración para refugiados”.

Por otro lado, aunque silenciado por la mayor parte de los medios de comunicación, algunos países recuerdan las fatwas de algunos imames como la propagada en septiembre de 2015 por el sheikh Muhammad Ayed en la mezquita de Al-Aqsa de Jerusalén, incitando a los migrantes a “reproducirse con los europeos para conquistar sus países”. Otros medios, citando a grupos de la comunidad de inteligencia, han difundido supuestas escuchas en las que el ISIS (Estado Islámico) amenazaba, ya en febrero de 2015, con inundar Europa con medio millón de refugiados. La política del miedo al otro y la evidente tensión antiterrorista en Europa parecen ser alguno de los principales eslabones de esta frágil cadena del flujo de refugiados.

Pero cuando uno se acerca a buscar datos de primera mano, cuando recorre kilómetros junto a miles de familias, descubre dos cosas de gran interés. Por un lado que son precisamente eso, familias, las que están desplazándose en esta nueva oleada de refugiados; muchas de ellas familias con cierto nivel adquisitivo. Por otro, que el viaje en sí no es un regalo y que todo se paga, a veces, incluso, multiplicando astronómicamente su precio.

Y mientras tanto los siempre efervescentes Balcanes vuelven a estar una vez más en el ojo del huracán, amenazando, silenciosamente, con hacer regresar la inestabilidad a una zona a la que Europa parece llegar siempre tarde. Pese a la normalización, para algunos países las luces de alarma están encendidas.

En países como Macedonia o Serbia, con una media salarial mensual que ronda poco más de los 200 euros, índices de paro muy por encima del 22%, más del 20% de la población en el umbral de la pobreza y una base económica anclada primordialmente en el sector servicios (60%) y en una industria (20%) en claro retroceso, los refugiados se presentan como una oportunidad más de negocio, no sólo para las redes organizadas en torno al paso de ilegales –en su mayor parte procedentes de Marruecos y Argelia–, sino también en torno al flujo legal de refugiados donde un taxi o una cajetilla de tabaco puede ver multiplicado su precio hasta más de un 400%.

Pese a que los medios marcan el interés informativo creando la noticia, en el mes de febrero los refugiados, lejos de haberse desvanecido, han pasado a integrarse en una nueva fase de burocratización y normalización de la que poco se ha dicho y en la que los controles fronterizos ejercidos por los países implicados y la gestión de las “áreas de tránsito” por ACNUR e IOM han contribuido a que los movimientos se desarrollen de una forma administrativamente más ordenada. El flujo de refugiados se distribuye a través de tres puntos: entrada, tránsito y salida, gestionados por cada país o de forma conjunta por los países fronterizos y las organizaciones de ayuda a los refugiados (UNCHR) y migrantes (IOM) con la colaboración de otras organizaciones no gubernamentales implicadas –Save the Children, UNICEF, MSF y la Cruz Roja, principalmente–.

La situación ha sobrepasado, empero, la capacidad de reacción de todos los gobiernos y el cierre, intermitente o total, de fronteras por parte de algunos gobiernos ha contribuido a crear un clima de miedo, incertidumbre e inquietud entre los propios refugiados. A principios de febrero y de nuevo a mediados del mismo mes la frontera de Grecia con Macedonia permaneció cerrada durante una semana y más de un millar de personas se hacinaban en una estación de servicio en la autopista E-75, a poco más de 11 kilómetros del paso fronterizo de Gevgelija.

En este punto, los refugiados, desesperados, trataban de alcanzar a pie la frontera por Idomeni a pesar de haber pagado íntegro el billete de autobús griego. El problema residía en que el gobierno macedonio había decidido cerrar la frontera, entre otras cuestiones ante las presiones de los taxistas y los transportistas de autobuses tras la polémica decisión gubernamental de que todos los desplazamientos de refugiados debían realizarse por ferrocarril.

Cuatro días después, y ante la imparable presión de los grupos de refugiados que salían de Turquía huyendo del recrudecimiento de los combates en el norte de Siria, la frontera volvió a abrirse y el flujo de refugiados se normalizó de nuevo. Mientras, en Macedonia, las protestas de transportistas y profesionales del taxi se recrudecían. Cada cual reclamaba su parte del pastel… y parecía que no había pastel para todos. Porque hay una evidencia indudable. En todos los conflictos que implican desplazamiento de refugiados la periferia se enriquece, bien a través del mercado negro, como pudimos documentar en la frontera de Siria y Turquía, bien a través del tráfico de inmigrantes o, de forma más notable, mediante la inflación del precio de todo tipo de productos y servicios al refugiado.

En la actualidad, una vez normalizado el movimiento, desde la localidad fronteriza griega de Idomeni los refugiados pasan al área de tránsito macedonia de Vinojug, cerca de Gevgelija, para allí poder tomar un atestado y sucio tren especial –exclusivopara refugiados– que, en cinco horas, les traslada a Tabanovce, en la frontera serbo-macedonia. Aún cuando los precios para este trayecto, anunciados públicamente en las taquillas de la propia estación de Gevgelija, son de 10 euros, a primeros de febrero el coste del viaje se situó en 25 euros por persona, siendo gratuito para los niños menores de 10 años. Las condiciones de hacinamiento y falta de salubridad del tren son manifiestas, suponiendo un riesgo para los centenares de niños que, diariamente, deben viajar sentados en el suelo y amontonados en los desvencijados y penosos vagones. Aún cuando la capacidad para el tren se estima en 400 personas lo normal es que en cada trayecto embarquen entre 750 y 1.000 personas como mínimo, las mismas que en este proceso tan imparable como ordenado se desplazan diariamente de frontera a frontera.

Según Risto, taxista de Gevgelija, el interés del gobierno por ordenar el flujo de refugiados a través del ferrocarril implica, además de intereses particulares por parte de algunos magnates cercanos al gobierno del primer ministro Nikola Gruevski, un perjuicio grave para los taxistas y los transportistas de carretera que han visto limitadas sus posibilidades de participar en el jugoso festín del transporte de miles de personas. Por su parte, el gobierno de Macedonia, ha esgrimido la medida como un intento por controlar y reducir el tráfico irregular de personas por su territorio. Para Gorhan, un joven serbio musulmán de Miratovac, graduado en gestión de empresa y que ante la falta de trabajo en la región aprovecha para hacer de taxista, la situación en Serbia se plantea algo más esperanzadora, pues de momento el gobierno no ha limitado el traslado de refugiados por carretera. Como él reconoce, los 10-15 euros de cada traslado, de poco más de 7 kilómetros, desde Miratovac hasta Presevo son muy bienvenidos en una economía muy mermada y casi de subsistencia.

Llegados al área de tránsito de Miratovac, donde a los refugiados se les toma de nuevo la filiación, una decena larga de taxistas serbios aguardan al final del camino de tierra de dos kilómetros que separa el campo de la pequeña localidad de Miratovac. Allí abordan diariamente a los refugiados –que deben desplazarse a pie hasta la pequeña localidad– antes de que puedan enterarse de que existen autocares gratuitos que les llevarán al área de registro de Presevo. La información es poder y no es visto de buen grado que nadie informe a los refugiados de distancias, medios de transporte o cualquier otro elemento que pueda privar a los transportistas de un buen puñado de euros. Como señala Gorhan, hay otros elementos en juego para los refugiados: ir más rápido implica llegar antes al campo, agilizar los trámites y salir antes hacia Croacia o Eslovenia, y por eso muchos refugiados optan por desplazarse en alguno de los improvisados taxis que esperan al final del camino. Debido a sus condiciones de salud o a la imposibilidad de desplazarse, algunos cientos de refugiados son trasladados por los vehículos de las ONG hasta los autocares gratuitos, pero son los menos y son tratados con evidente recelo por los transportistas serbios y cierta envidia por los refugiados que deben hacer el camino a pie cargando con sus exiguas pertenencias –muchas de las cuales irán abandonando a lo largo del camino– y en la mayor parte de los casos con sus hijos de menor edad sobre sus hombros.

La ausencia de control sobre el transporte privado en Serbia ha derivado también en que se multipliquen las vías de acceso hasta la siguiente frontera, así como al incremento desmedido de los precios para recorrer distancias absurdas. Sirva como ejemplo la oferta de 400 euros de uno de estos taxistas para recorrer los escasos diez kilómetros que separan la frontera de Serbia y Macedonia y la localidad de Presevo. La presencia de algunos miembros de la mafia local no pasa inadvertida en las inmediaciones del campo de Presevo. Los mismos que han ayudado a pasar a algunos ilegales siguen ofreciendo ahora transportes de lo más variopinto para aquellos refugiados “con papeles” o la continuación del viaje –siempre sujeta a constantes reajustes al alza– a los que carecen de ellos.

Una vez en Presevo, y tras un nuevo registro, los refugiados esperan un tren que por 12 euros los lleve a Croacia en un largo trayecto hasta el punto de salida de Sid, en la frontera serbo-croata. Debido a la duración de este trayecto –12 horas para recorrer 550 kilómetros–, y a que no es directo, buena parte de los refugiados optan por desplazarse por medio de autobuses que realizan el mismo trayecto de forma directa por 20 euros en poco más de 6 horas. Los puntos de acceso a Croacia se realizan por Tovarnik, desde donde los refugiados deben alcanzar el área de registro de Slavonski Brod y de allí desplazarse hasta los puntos de salida croatas de Dobova o Mursko Sredisce por tren. En Croacia, los transportes desde el punto de entrada hasta los de salida son gratuitos y se realizan por tren o por tren o autobús en el último trayecto.

Eslovenia, por su parte, sólo cuenta con dos áreas de tránsito, una de entrada en Dobova/Gornja Radgona y otra de salida a través de los pasos fronterizos con Austria de Gornja Radgona/Bad Radkersburg, Sentilj/Spielfeld y Jesenice. En este caso, los tránsitos se realizan por tren o autobús y también son gratuitos. Pero alcanzar Austria o Alemania parece cada día más un sueño que una realidad, y de hecho son cada vez más comunes los cierres de frontera, más prolongadas las esperas para el trámite burocrático y más habituales las devoluciones de refugiados. El juego de Europa llega a los oídos de serbios, croatas y macedonios, de nuevo, como el de la espera. Perder el tiempo cuando no se tiene un plan implica alejar la derrota; o esperar a que la solución se presente por sus propios medios, de forma tan milagrosa como improbable. Pero para los refugiados el mensaje es claro. Cada vez con más certeza que según se acerca el fin de su viaje más probabilidades hay de que sean retenidos a la puerta de Europa, o en el peor de los casos, devueltos a Grecia… donde habrán perdido todo el dinero invertido y, lo que es peor, buena parte de las fuerzas y de la esperanza. “Llegaremos,Inšāllāh”, señala lacónicamente Adnan, un refugiado sirio de Alepo que viaja con su mujer y sus tres hijos, mientras levanta sus dedos haciendo el símbolo de la victoria. Y nosotros nos quedamos con esa duda al borde de los labios… ¿y si Alá decide en esta ocasión que no, que no llegaréis? Pero nadie puede disipar el estoicismo y la esperanza del rostro de quien se ve más cerca del final de su viaje.

Uno de los problemas más acuciantes es el de la inmigración ilegal que discurre paralela, e incluso a veces mezclada con el flujo de refugiados. Como nos señala un oficial de policía fronteriza macedonio en el paso de Idomeni, “por allí es por donde se tratan de introducir los terroristas… esos que amenazan la seguridad de Macedonia… y de Europa”. Fuera del foco de las autoridades, al pie de las montañas que separan Grecia y Macedonia y Kosovo, Macedonia y Serbia, los pasadores mueven a diario a cientos de personas, en su mayor parte marroquíes y argelinos, que carecen del estatus de refugiado y que tratan de alcanzar Europa. Estos inmigrantes ilegales, carentes de papeles o viajando con documentación falsa o robada, pagan unos miles de euros para cruzar las fronteras por aquellos lugares por los que las mafias les indican. Algunos, como los argelinos Ali y Djamel, señalan, junto a la estación de Presevo, que han sido amenazados con armas cortas de fuego y que las mismas mafias que los hanpasado les han despojado de sus pertenencias, en especial móviles y dinero, una vez concluida alguna de las etapas del viaje. Curiosamente son los primeros refugiados, después de muchos días y kilómetros recorridos, que nos piden tabaco y dinero. Sin duda no son conscientes de que su presencia dificulta de forma notable el tránsito de los refugiados, pero como ellos mismos señalan nadie puede condicionar su deseo de alcanzar el sueño europeo. Y lo alcanzarán a cualquier precio. Ellos se sienten refugiados, independientemente de lo que consideren las autoridades o las instituciones internacionales.

Ante la deriva de la crisis humanitaria que supone la imparable llegada de refugiados, y sobre todo ante el problema que se avecina si éstos no consiguen salir de los países balcánicos limítrofes con Europa que amenazan con convertirse en una bolsa de contención difícil de controlar y gestionar, a mediados de febrero Bruselas instó a Atenas a tomar “medidas urgentes” que mejorasen las condiciones de acogida y registro de los demandantes de asilo. El objetivo no era otro que tratar de reactivar el reglamento de Dublín, suspendido desde 2011 en el caso heleno –por las deficiencias en la acogida detectadas tanto por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea como por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos– y que permitiría al resto de Estados miembros devolver a Grecia a los refugiados si demuestran que entraron a la UE a través de este país. Las normas de Dublín establecen que el expediente de un demandante de asilo debe ser tramitado en el país de entrada a la Unión Europea y que es en ese Estado miembro en donde debe esperar el inmigrante a que se decida su caso. Si se regresase a este modelo se presentaría un nuevo problema para los refugiados. Muchos de ellos se verían obligados a regresar al punto inicial de su viaje en el continente. Pero también se crearía un problema de muy difícil gestión para las autoridades griegas que deberían pasar a gestionar el asilo de cientos de miles de refugiados en su territorio. Por otra parte, la desesperación podría llevar a los refugiados a tratar de permanecer en las áreas de tránsito, colapsando la acción humanitaria en países como Macedonia y Serbia y alimentando de nuevo aquellos viejos monstruos étnicos que ya pusieron en jaque a la comunidad internacional a finales del siglo XX. Cuestiones que, lejos de estar zanjadas, no se encuentran más que en un frágil letargo. Cuestiones que alimentan los demonios internos de una población en la que aún habita esa certeza, siempre dolorosa, del vencedor y del vencido.

A nadie se le escapa que la situación política en Europa tras la victoria electoral de Alexis Tsipras en Grecia no está contribuyendo a la mejora en las condiciones de los refugiados ni en la gestión de su imparable flujo. Tampoco debe extrañar que Grecia, a cuyas costas, según los informes de UNHCR, hasta febrero de 2016 llegó un bote cada 12 minutos, se vea desbordada por esta crisis humanitaria sin precedentes. El pulso entre las altas instancias europeas y los gobiernos turco y griego es constante. Mientras tanto, las ofensivas del ejército de Al Assad y su aliado ruso sobre los puntos bajo el control rebelde y del ISIS en Siria ha multiplicado exponencialmente el número de refugiados que tratan de alcanzar, por cualquier medio, las costas griegas. El inicio de una nueva misión naval de la OTAN en el Egeo para controlar el tráfico de personas podría detener el flujo de refugiados hacia Europa, pero también supondría la creación de tensiones notables en la frontera turco-siria, ya de por sí bastante inestable y peligrosa, cuando no la ampliación del frente de combate más allá de esa frontera y hacia el continente europeo.

Huyen ahora aquellos que lo dan todo por perdido. Los que aguantaron cinco años de guerra, los que vimos regresar en diciembre de 2012 desde los atestados campos de refugiados turcos, los que aún mantenían viva una pequeña esperanza de paz para Siria. Pero también huyen aquellos que, empujados por otras guerras eternas, buscan en Europa un milagro para su miseria. Hay que haber recorrido las destrozadas calles de Alepo, los vericuetos de los campos de refugiados o las aldeas de la frontera de Afganistán, para comprender que incluso el incierto viaje “a ninguna parte” presenta más esperanzas que permanecer en aquellos infiernos.

De momento, en este viaje por la Ruta de los Balcanes, quien ha conseguido llegar hasta Presevo hace emocionado el signo de la victoria. El cansancio se asoma a los rostros de los refugiados, especialmente al de los niños, que según alertan todas las instituciones y ONG son el elemento más débil y crítico. Según el IOM, más de un 40% del flujo de refugiados que alcanza Grecia está constituido por niños acompañados. De ellos, un 4% aparecen solos, sin compañía de adultos, en las fronteras de Macedonia. Muchos de ellos porque no se habían declarado como menores al llegar a Grecia por miedo a ser retenidos. Inquietan, a este respecto, los datos publicados por EUROPOL a finales de enero y que señalan que más de diez mil menores habrían desaparecido al llegar a Europa. Saltan las alarmas un día, pero al siguiente los medios, se han olvidado de ellos. Y así seguirán hasta que alguien los traiga de nuevo a escena. Como si fuesen la mercancía obscena de esos medios que deciden, económicamente, qué es y qué no es noticia.

Los niños. El eslabón siempre más frágil de la cadena del horror. Aquellas mentes dúctiles de las que desconocemos la impronta que el impacto real de esta tragedia ha dejado. Los niños. Aquél amasijo de sonrisas robadas por la enloquecida ferocidad de un mundo que les niega, ahora, cualquier futuro. Sobre el terreno se advierte una notable diferencia entre los niños de menos edad y aquellos más próximos a la adolescencia. En los primeros, pese al cansancio, aún predominan las sonrisas; el viaje es una aventura, una ruptura con la vida normal. Para los más mayores el viaje es un tormento que les aleja de todo lo que conocían y les lleva hacia lugares desconocidos; lugares en los que ya no serán más que los otros, los refugiados, los inmigrantes, los de fuera, con todo el corolario xenófobo que ello arrastra. Los padres se aprestan a amenizar ese camino tortuoso, pero como Mohsin, ex boxeador afgano, reconoce junto a su familia en un descanso en el camino a pie hasta Miratovac, “no se puede mentir a un hijo constantemente. El camino es largo y los niños saben que detrás de esta curva no hay un destino final, sino el final de otra etapa… y el camino sigue”. La moral y la confianza en los padres decaen rápidamente. Una confianza que seguramente cueste mucho recuperar, pues como Mazen, refugiado sirio, reconoce, “un niño no entiende lo que es la guerra, ni por qué sucede, ni por qué su vida se ve totalmente trastocada”. Pero como ellos mismos reconocen, había que ponerse en camino y éste continúa, aunque parezca llevar, indefectiblemente, a ninguna parte.




Czuko Williams es fotógrafo y periodista freelance basado en Madrid que cubre noticias y elabora proyectos documentales en España, Europa y el resto del mundo. Doctor en Historia, estudió fotoperiodismo en la escuela de fotografía BlankPaper de Madrid. Fue finalista del premio de fotografía Luis Valtueña y recibió un accésit el PhotoNikon Spain en 2015 por sus trabajos Hotel de las Estrellas y el Euromaidan de Kiev. Aquí, su sitio web. En Twitter: @czukowilliams.