jueves, mayo 11, 2017

Shadi Ghadirian: fotografía crítica iraní

Shadi Ghadirian: fotografía crítica iraní | Sales de Plata



En los últimos años, en que las series fotográficas parecen ir inexorablemente unidas a una especie de “literatura” incomprensible para que el espectador las entienda, y en el que poco a poco el lenguaje textual ha acaparado el espacio del lenguaje fotográfico, a veces, y digo a veces porque se da en escasísimas ocasiones, encuentras fotógrafas de la talla de Shadi Ghadirian, en las que la imagen cobra el papel protagonista.
Hecha la crítica y metida de lleno en la boca del volcán, hoy veremos una serie de fotografías conceptuales para las que no hacen falta largas explicaciones, son un placer para la vista a nivel formal y funcionan como un espacio de reflexión acerca de la situación de la mujer.
#1 Qajar. Shadi Ghadirian
#1 Qajar. Shadi Ghadirian
#2 Qajar. Shadi Ghadirian
#2 Qajar. Shadi Ghadirian
#4 Qajar. Shadi Ghadirian
#4 Qajar. Shadi Ghadirian
#9 Qajar. Shadi Ghadirian
#9 Qajar. Shadi Ghadirian
#10 Qajar. Shadi Ghadirian
#10Qajar. Shadi Ghadirian
#12 Qajar. Shadi Ghadirian
#12 Qajar. Shadi Ghadirian
Esta serie de fotografías fue la primera que realizó Shadi Ghadirian (1974), después de terminar su Bachelor of Arts en la Universidad Azad en Teherán (Irán). Si visualizamos las imágenes sin prestar mucha atención, vemos una estética típica de la fotografía de estudio, retratos de mujeres con la vestimenta clásica de Qajar en el S. XIX. Pero si prestamos un poco más de atención, vemos algo en ellas que no encaja, esto es, los elementos modernos propios de la cultura contemporánea que la fotógrafa incorpora en los retratos: desde una lata de Pepsi, a un teléfono, un periódico o unas gafas de sol. Así, la fotógrafa iraní reflexiona sobre la situación de las mujeres en su país, en esa lucha entre el pasado y modernidad a la que se ven abocadas. En palabras de la propia Shadi Ghadirian: “My pictures became a mirror reflecting how I felt: we are truly stuck between tradition and modernity.”
#19 Qajar. Shadi Ghadirian
#19 Qajar. Shadi Ghadirian
Desde mi punto de vista, las serie más interesantes de Ghadirian es “Like EveryDay“, en la que a partir de siluetas de mujeres bajo un chador, en las que el rostro femenino es substituido por un objeto del hogar, la artista iraní reflexiona sobre la rutina diaria de las mujeres, pero también sobre la identificación de estas con dichos objetos y sobre una vida, que tristemente, gira entorno a ellos. Su impacto visual, su sencillez y el mensaje directo que deja en el espectador, no dejan indiferente a nadie.
"Like EveryDay", Shadi Gharidian.
“Like EveryDay”, Shadi Ghadirian.
"Like EveryDay", Shadi Ghadirian.
“Like EveryDay”, Shadi Ghadirian.
"Like EveryDay", Shadi Ghadirian.
“Like EveryDay”, Shadi Ghadirian.
Si bien es cierto que Ghadirian critica también, y de forma mordaz, la obligación de llevar velo, la artista insiste en no hacer una lectura demasiado literal de sus fotografías, ya que el tema de las mujeres-objeto, como ella lo entiende, tiene una dimensión universal.
"Like EveryDay", Shadi Ghadirian.
“Like EveryDay”, Shadi Ghadirian.
"Like EveryDay", Shadi Ghadirian.
“Like EveryDay”, Shadi Ghadirian.
"Like EveryDay", Shadi Ghadirian.
“Like EveryDay”, Shadi Ghadirian.
Como vemos, el discurso que crea Ghadirian con sus fotografías, refleja muy bien no sólo la situación de las mujeres en Irán, sino que mediante objetos comunes, conocidos por todos, extiende y universaliza su mensaje, convirtiendo su crítica en la de todas. Por otra parte, hay que señalar que su trabajo enlaza muy bien con el de otra iraní, el de la historietista Marjane Satrapi, que con Persépolis o Bordados, reflexionaba también sobre la situación de la mujer en Irán.

sábado, abril 29, 2017

¿Se dirige el mundo hacia una nueva Guerra Fría? | Noticias de Rusia | RBTH

¿Se dirige el mundo hacia una nueva Guerra Fría? | Noticias de Rusia | RBTH

¿Se dirige el mundo hacia una nueva Guerra Fría?

24 de abril de 2017 NIKOLÁI SHEVCHENKORBTH
A pesar de la llegada al poder de Donald Trump, aumenta la tensión entre Rusia y EE UU. Expertos analizan las diferencias y similitudes entre ambos periodos.
Phrases and...Bases



El último mandatario soviético, Mijaíl Gorbachov, que repetidamente ha alertado sobre una posible nueva Guerra Fría volvió a declarar: “El lenguaje de los políticos y el personal militar de alto rango es cada vez más militante. Las doctrinas militares se formulan cada vez con más dureza. (…) Todos los indicadores de la guerra fría están ahí”.
El analista Fiódor Lukiánov escribió que la posibilidad de una segunda Guerra Fría se ha convertido en el cuento del pastor y el lobo. Sin embargo, recientemente ha cambiado el tono: “Esta vez el antiguo presidente de la URSS está en lo cierto”.
El ruido entre Rusia y EE UU es cada vez menos comedido y los líderes de ambos países hablan cada vez más de la pérdida de confianza. Aunque los expertos apuntan a inquietantes paralelismos con la Guerra Fría, muchos creen erróneamente que la situación entre Washington y Moscú es más inestable que durante la Guerra Fría.

¿Guerra Fría 2.0?

Actualmente la escalada de tensión geopolítica alienta conflictos locales en todo el mudo, de manera similar a lo que ocurría en la Guerra Fría. La situación en Siria y Ucrania son ejemplos actuales de ello.
Pero aunque aumente la situación de desconfianza Rusia y EE UU la ausencia de una confrontación ideológica hace que los expertos no hablen seriamente sobre la vuelta de la Guerra Fría.
“La gran diferencia es que entonces los dos mundos estaban muy aislados entre sí, mientras que ahora […] han interiorizado, en muchos sentidos, la misma visión del mundo”, declara  Mark Galeotti, investigador en el Instituto de Relaciones Internacionales de Praga.
A pesar de que hay señales que se interpretan prematuramente como augurios de una nueva Guerra Fría, el estado actual de la situación no es como lo era en la segunda mitad del siglo XX.

Las únicas diferencias no son la visión del mundo compartida y la ausencia de una lucha ideológica. “Ambos países son todavía las mayores potencias nucleares del mundo, pero la fuerza militar ha ido perdiendo importancia en las últimas tres décadas”, explica Borís Stremlin, profesor de Relaciones Internacionales y experto en la historia de la Guerra Fría.
“El nivel de poder duro de las dos partes ya no es conmensurable. Además, y esto es más importante, en el sistema internacional actual hay más actores que no pueden ser disciplinados de manera eficaz por ninguna de las partes”, declara Stremlin.
En otras palabras, Rusia y EE UU son incapaces de resolver problemas internacionales sin involucrar a otros países con influencia regional y global. La era en la que se tomaban decisiones cara a cara entre los dos se evaporó con la caída de la URSS. Actualmente para hacer una gestión de crisis exitosa hay que incluir a todas las partes implicadas. Esta situación genera muchos riesgos y es muy impredecible, de modo que, inconscientemente, se recurre a un escenario más estable, como de Guerra Fría, para encontrar un punto de referencia, afirman los expertos.

Vuelta al futuro

“La ironía es que aunque Occidente vuelva a los estereotipos que retratan a Rusia como una amenaza, el concepto de Guerra Fría sirve como remedio para encontrar puntos de referencia en un mundo que es mucho más complicado, fluido y difícil de comprender”, declara Antón Fedyashun, director del Instituto Carmel de Cultura e Historia Rusas en la American University de Washington D.C.
En el mundo actual, en el que la amenaza terrorista está siempre presente, “parece que la bipolaridad de la Guerra Fría fue un periodo de relativa estabilidad. Había un enemigo identificado y al que se podía acceder mediante la diplomacia. Los conflictos actuales son mucho más abiertos”, dice Fedyashin.

A pesar de la agresiva retórica de la Guerra Fría, EE UU y la URSS “estaban básicamente de acuerdo sobre cómo gestionar el mundo. Hoy en día la causa principal sobre la vuelta del conflicto es que nadie tiene claro cómo puede ser la gestión del mundo y eso lleva a que haya tensiones”, continúa Stremlin.
Una de las preguntas más acuciantes y que nos remite a la Guerra Fría, a pesar de las diferencias, es si los líderes internacionales necesitarán el equivalente a una Crisis de los Misiles de Cuba – como se cuestiona Fiódor Lukiánov – para poder comenzar a construir un nuevo sistema para la gestión de las crisis internacionales y quizá de colaboración global.
Aunque mientras los académicos hablan de la necesidad de cooperar, parece que los políticos continúan inmersos en la Guerra Fría 2.0.

sábado, abril 01, 2017

La “Fuente” de Marcel Duchamp cumple cien años

La “Fuente” de Marcel Duchamp cumple cien años | Periodistas en Español



La crítica coincide en situar el urinario del artista francés en el origen del arte contemporáneo

El 2 de abril de 1917, se cumplen ahora 100 años, fue una fecha importante para la historia del arte. Ese día un artista francés que acababa de llegar a los Estados Unidos caminaba por las calles de Nueva York acompañado de dos colegas americanos, Walter Arensberg y Joseph Stella. Los tres llegaron a J.L. Mott Iron Works, un almacén de la Quinta Avenida en el que se vendían objetos de construcción, saneamiento y fontanería. Los tres amigos entraron en el almacén y el francés compró una de las piezas que se exhibían en el escaparate. Se llamaba Marcel Duchamp y su adquisición fue un urinario de pared modelo Bedfordshire. Ya en su estudio, lo colocó sobre un soporte plano, firmó sobre su superficie con un seudónimo, R. Mutt; una fecha, 1917, y decidió ponerle el nombre de “Fontaine” (Fuente) y bautizar el nuevo estilo con el nombre de readymade, algo así como arte prefabricado.
Alfred Stieglitz, La Fuente, R. Mutt, 1917
Alfred Stieglitz, La Fuente, R. Mutt, 1917
Envió el objeto a la Exposición de Independientes de 1917, la mayor muestra de Arte moderno celebrada hasta entonces en los Estados Unidos. El objetivo de Duchamp era cuestionar el concepto de obra de arte tal y como la entendían los académicos y los críticos.
Se trataba, evidentemente, de una provocación y, en efecto, provocó una mezcla de consternación y de rechazo: fue considerada ofensiva y vulgar por los organizadores de la muestra. “Fuente” fue retirada de la exposición y desapareció. Su único rastro es una fotografía tomada por Alfred Stieglitz.
El origen de “Fuente” se encuentra en el concepto de objet-trouvé de los surrealistas, entre cuyos principios innovadores estaba proponer que cualquier objeto pueda ser una obra de arte, así como sostener que la artisticidad no viene dada por la calidad sino por el contexto.
Duchamp había perdido la batalla pero con el tiempo ganó la guerra. En la actualidad hay quince copias de “Fuente” firmadas por Duchamp distribuidas por todo el mundo y se ha convertido en una de las obras más influyentes de todo el siglo XX, iniciadora de un debate que no ha parado desde entonces, el de “qué es el arte”. La influencia de Marcel Duchamp es una de las más omnipresentes en el arte contemporáneo, desde el futurismo y el conceptualismo al pop art.

La huella de Duchamp en el arte contemporáneo

Decía Joseph Beuys que todo ser humano es un artista. “El espectador es coautor”, vienen a afirmar Umberto Eco en “Obra abierta” y Hans Robert Jauss en “Estética de la imagen”.  De entre las funciones que Charles Lalo sugería para el arte, la que se impone actualmente es la de la diversión. Todo pudo comenzar cuando Duchamp convirtió aquel urinario en una obra de arte, pero desde los años 50 del siglo XX, el momento en que Yves Klein inició el movimiento de arte conceptual con la presentación en París de su exposición Vacío, que dio lugar a los ‘happening’, las ‘performances’, el Land art y las antropometrías de los body painting (en las que Klein utilizaba como pincel cuerpos desnudos untados de pintura), el ingenio y la provocación se han convertido en los grandes protagonistas del arte contemporáneo, al que se asiste entre el interés, el asombro y el escepticismo.
Los excrementos enlatados de Piero Manzoni en latas con el rótulo “Merde d’artiste” que la Tate Gallery compró por más de 30 000 euros la pieza, los cuadros de Andy WarholRauschenberg y Chris Ofilipintados respectivamente con orina, basura y boñiga de elefante, la chaqueta de piel tirada en un rincón, de Jim Hodges; los globos de Friedman, unidos por cuerdas de las que cuelgan un par de calzoncillos, la pelota de baloncesto flotando en un tanque de agua, de Jeff Koons, el perro que el “artista” conocido como Habacuc dejó morir de hambre atado a una cuerda en 2007 en la Galería Códice de Nicaragua… forman una cadena interminable de obras bautizadas con la etiqueta ‘arte contemporáneo’ que para asombro de muchos alcanzan importantes cifras de ventas en subastas y galerías.
Dentro de este movimiento hay que destacar a Maurizio Cattelan, quien reunió en noviembre de 2016 sus obras más conocidas en una retrospectiva en el Guggenheim de Nueva York titulada “Not Afraid of Love” (Sin miedo al amor): los niños ahorcados, el Papa de Roma aplastado por un meteorito, un Hitler con cuerpo de niño…
La primera exposición de Cattelan había sido en una galería de Bolonia en 1989: consistía en un cartel colgado a la entrada que ponía “Vuelvo enseguida”. Una de sus últimas obras la expuso el año pasado en el Guggenheim de Nueva York: un retrete de oro macizo de 18 quilates titulado “America”. La taza del wáter se podía utilizar y las colas duraban todo el día. A la salida, las televisiones esperaban a los usuarios, que hacían declaraciones sorprendentes: uno de ellos dijo que no había podido hacerlo aunque se había aguantado todo el día y una mujer declaró que lo mejor de la experiencia había sido ver cómo el agua de la cisterna se llevaba… a Donald Trump.
Una de las obras más conocidas y polémicas del arte contemporáneo es un tiburón conservado en formol al que su autor, el artista británico Damien Hirst, tituló  La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo (los títulos aquí suelen ser tan polémicos como la propia obra). El magnate de la publicidad y coleccionista de arte Charles Saatchi lo vendió al millonario Steve Cohen por 12 millones de dólares para donarlo al Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York. A los pocos meses hubo que sustituirlo por otro ejemplar, ya que el original se descomponía. Otra obra de Hirst, “Por el amor de dios”, una calavera con 8600 diamantes incrustados, se convirtió en la obra de arte más cara de un artista vivo: 50 millones de libras.
El Premio Turner, que se falla cada año en Inglaterra, se ha convertido en uno de los más esperados y polémicos: es el que ha encumbrado los animales seccionados de Damien Hirst, la Virgen María pintada con excrementos de elefante de Chris Ofili,  la cama deshecha de Tracey Emin, las obscenidades sexuales de Paul McCarthy, el caballo muerto de Berlinde de Bruyckere o la habitación con una luz que se apaga y se enciende de Martin Creed.
El 29 de mayo de 2014 durante una performance, Deborah De Robertis se situó con las piernas abiertas justo debajo del cuadro “El origen del mundo” de Gustave Courbet que cuelga en el Museo D’Orsay de París y abrió con las manos su sexo a las miradas del público. Su objetivo: eliminar la distancia artística entre la obra de Courbet y los espectadores. Al año siguiente la misma artista se desnudaba delante del cuadro “La Olympia” de Manet, que presenta el cuerpo desnudo de una prostituta. Se trataba de una reivindicación feminista, al modo de las que hacían las Guerrilla Girls para protestar por el ínfimo porcentaje de mujeres artistas presentes en los museos de todo de mundo y porque para entrar en ellos las mujeres han de desnudarse (referencia a los cuadros de desnudos femeninos en todas las épocas).
El efecto sorpresa que persigue el arte contemporáneo ha dado lugar a situaciones increíbles, como  cuando en octubre de 2015 una limpiadora de un museo de arte moderno de Bolzano (Italia) envió a la basura una instalación de Sarah Goldschmied y Eleanora Chiari formada por botellas vacías, cajetillas de tabaco y confeti pisoteado que simbolizaban, según las artistas, el fin del consumismo y la especulación financiera. O la creencia de que el apuñalamiento de una mujer durante la Art Basel de Miami en diciembre de ese mismo año fuese tomada por una performance al haberse producido frente a una instalación titulada “The Swamp of Sagitarius” de la artista Naomi Fisher. Una de las últimas fue la dramática escena del asesinato en Ankara del embajador de Rusia en Turquía, Andrey Karlov, durante la presentación de una exposición en una galería de arte mientras los asistentes pensaban en un primer momento que se trataba de otra representación.
Y, en fin, para terminar y cerrar el ciclo, volvemos al urinario de Marcel Duchamp para dar cuenta de que los artistas Kendell GeersBrian EnoBjörn KjelltoftYan ChaiJian Jun Xi y Pierre Pinoncelli, se dedicaron entre 1993 y 2006 a visitar los diferentes urinarios de Duchamp dispersos por todo el mundo para orinar en ellos y así reactivar su impulso.

miércoles, marzo 08, 2017

Manuel Rivas: “Toca defender la idea de la República francesa, que es la libertad”

Manuel Rivas: “Toca defender la idea de la República francesa, que es la libertad”

Manuel Rivas: “Toca defender la idea de la República francesa, que es la libertad”

El festival literario EÑE, que se celebra este viernes y sábado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, recordará a las víctimas de los atentados de París
Su director, el escritor Manuel Rivas señala que “hay que crear lugares de encuentro donde se comparten identidades y donde los enemigos principales son el dogmatismo y la indiferencia”
Uno de los ejes fundamentales será la poesía con la presencia de numerosas voces femeninas

El escritor Manuel Rivas dirige esta edición del Festival EÑE
El escritor Manuel Rivas dirige esta edición del Festival EÑE

El espíritu francés revoloteará este fin de semana entre las columnas del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Allí se celebrará el  Festival literario EÑE –y no hay visos de su cancelación- y según confiesa su director, el escritor Manuel Rivas, habrá un recuerdo  de las víctimas de los recientes atentados de París y una muestra de solidaridad. “Ahora toca defender la idea de la República francesa, que es la libertad y que tiene su origen en el librepensamiento”, admite. Francia estará presente, pero no con la imagen que han dado los últimos días sus dirigentes, sino con la que ha hecho de este país un referente cultural: la famosa trinidad de la igualdad, la fraternidad y la libertad.
Con más de 50 actividades y una participación de hasta 77 escritores, de alguna manera, como insiste Rivas, la idea del diálogo y de la participación ya estaba presente. “Tenemos varias mesas en la que participarán los presidentes de asociaciones como la de Amnistía Internacional. Uno de los trazos del festival es que la cultura no es sólo un sector, sino que lo impregna todo, la cultura es el elemento básico para respirar, para vivir”, afirma el autor de El lápiz del carpintero.



Sin embargo, no es menos cierto que los últimos días han revalorizado estas ideas, puesto que como manifiesta Rivas, “todo conflicto tiene un fondo cultural. Y lo que necesitamos es crear lugares de encuentro donde se comparten identidades, donde la diversidad es una riqueza y no un problema y donde los enemigos principales son el dogmatismo y la indiferencia. Ese espacio común, ese ecosistema es incompatible con la violencia y la grosería”.
La poesía, eje fundamental
No es casual que la poesía tenga, por tanto, un peso fundamental en esta edición. Pasarán por ella más de 20 poetas, desde grandes consagrados como el chileno Óscar Hahn, Luis García Montero o Juan Carlos Valle ‘Karlotti’ hasta nombres más noveles como el mexicano Jesús Carmona Robles. Una mezcla intergeneracional y de países que pondrá luz a través de lecturas y charlas a lo que acontece durante estos días.
“La poesía ahora es fundamental. Y es como las luciérnagas, que también se están extinguiendo por circunstancias del clima. La idea central es abrir pasos y me parece que justamente el trazo de la poesía, el sentido de la poesía es esa condición de abrir nuevas vías de expresión y de ensanchar la mirada, descubrir tierras incógnitas, traspasar las barreras y las fronteras mentales y tiene esa condición: ordena y desordena. Aquí vine a desordenar lo sistematizado y eso está bien”, reconoce Rivas.
Las poetas, además, conformarán la columna vertebral. Desde Ana Curra, Marta Sanz, Elena Medel, Eva Veiga, Eloísa Otero a Leire Bilbao, Ana Rosetti o Ada Salas. Una multitud de voces femeninas que va en contra de aquellos que puedan pensar que no existen las buenas poetas. “¡Claro que existen!”, señala Rivas, quien, además, añade que ha habido una intención por darles este espacio que no suelen tener “porque siempre inclinamos la balanza hacia los hombres. La invisibilidad que se da muchas veces es responsabilidad nuestra, de la gente la cultura, pero hay muchas que están haciendo cosas y ojalá en el resto de las áreas también consiguiéramos más presencia”.


El festival Eñe en 2014
El festival Eñe en 2014
Autocrítica del periodismo cultural
Precisamente, otra de las áreas principales de este festival será el periodismo cultural con varias mesas en las que participarán periodistas como Fernando González ‘Gonzo’, Ignacio Elguero, Sergio Vila-San Juan o la chilena María Teresa Cárdenas, jefa de la sección de cultura de El Mercurio.
“Queremos fomentar la autocrítica del periodismo, no ya sólo el cultural. El periodismo, aparte de una crisis general y aspectos específicos de índole tecnológica, también sufre una crisis existencial, que es propia y singular: cuál es el papel del periodismo ahora mismo. Las mesas que hemos preparado tienen una dimensión de autocrítica grande y espero que de ahí salgan reflexiones”, sostiene Rivas.
EÑE cumple este año su séptima edición. Lo hace además con un presupuesto de menos de 100.000 euros, “menos que lo que a veces se gasta una institución en un acto protocolario y los canapés”, ironiza Rivas, organizador de este programa, pero que no repetirá el año que viene. “Y me parece bien. Esa era la propuesta y por eso acepté, además de porque me apetecía hacer activismo cultural, ya que ya hay mucho activismo contra la cultura”, remacha.

Algunas pistas para no perderte en EÑE
Viernes 20 de noviembre
19.00 Acto de inauguración. Charla entre el escritor Juan Goytisolo y el poeta y periodista Antonio Lucas sobre la obra y vida del premio Cervantes 2014.
20.00 Conferencia de la periodista Ruth Toledano sobre la cultura como herramienta para debatir sobre medioambiente, el holocausto animal y todas aquellas cuestiones que debilitan el pensamiento.
20.00 Una mirada a lo que escriben y escribieron las poetas españolas, a las que muchas veces no se les dio voz. Con Ana Rosetti, María Sotomayor, Marta Porpetta y Elena Medel.
21.30 Diálogo entre Juan José Millás y Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional, sobre la manipulación del lenguaje.
Sábado 21 de noviembre
12.00 Diálogo entre Will Gompertz, crítico de arte de la BBC y exdirector de la Tate Gallery, y el crítico Fernando Castro Florez sobre la verdad y farsa del arte contemporáneo.
13.00 Lectura poética del poeta Karlotti.
13.30 Acción poética de Ana Curra y César Scappa
13.30 Mesa entre Ignacio Elguero, Fernando Gonzalez, ‘Gonzo’ y Sergio Vila-San Juan sobre periodismo cultural
17.30 Lectura poética de Javier Gallego ‘Crudo’
18.00 Mesa entre el poeta chileno Óscar Hahn, el editor Chus Visor y Antonio Lucas
20.30 Diálogo entre Marta Sanz, Jorge Sánchez-Cabezudo y Alberto Sánchez-Cabezudo sobre la obra de Rafael Chirbes

miércoles, febrero 15, 2017

Agulha Revista de Cultura: JOSÉ ÁNGEL LEYVA | Rubén Arenas, El discreto encanto de la ironía

Agulha Revista de Cultura: JOSÉ ÁNGEL LEYVA | Rubén Arenas, El discreto encanto de la ironía





JOSÉ ÁNGEL LEYVA | Rubén Arenas, El discreto encanto de la ironía


En su exposición, “Sones para turistas y cantos para soldados”, en la galería de la Fundación Sebastián, del 10 de enero al 2 de febrero del 2013, luego publicada en La Otra número 20, julio septiembre de 2013, Rubén Arenas recupera la presencia humana de manera explícita. Esta serie representa en apariencia un golpe de timón en su búsqueda plástica si atendemos a la trayectoria de su pintura, en la que predominaba el paisaje y los animales. En la obra de Arenas la figura del hombre estaba prácticamente desaparecida, no así su presencia. Es decir, los efectos de la acción civilizatoria estaban allí, con su registro devastador o pernicioso, con su paso torpe y desafortunado, pero en la escena sólo había lugar para el silencio y el ruido ambiental, para el movimiento animal y las plantas.
A Arenas no lo mueve una intención hiperrealista o fotográfica sino un impulso de ensamble de ámbitos visuales que en diversos momentos de su discurso han emergido con mayor o menor evidencia. En Exposiciones como “La travesía del salmón”, “Especies”, “La zoología acosada”, “Diversos y semejantes”, por mencionar algunas, el artista, originario de la Ciudad de México, ha hecho patente su preocupación por la Naturaleza y ha ventilado sin contemplaciones la acción de esa cadena alimenticia en donde se ejerce la ley del más fuerte. La bestialidad del hambre convive con la apacible dinámica de la floresta y el mundo submarino; en cada cuadro habita la fuerza de la sobrevivencia. Una mirada de apariencia infantil en la que los elementos naturales se disputan el lugar y el tiempo. El juego sería sólo cosa de niños si no existiese la ironía con que el pintor dota a sus imágenes.




De algún modo la zoología de Arenas representa su visión de la humanidad sin que ésta sea explícita. No hay ingenuidad en su obra aunque pueda parecerlo a ratos, hay, sí, mundos en movimiento plástico, formas que dialogan o se comunican entre sí, que exponen sus diferencias morfológicas, sus distintos volúmenes y pesos, sus dimensiones, sus ferocidades. Resonancias quizás de la escuela oxaqueña, de manera específica de Francisco Toledo o Sergio Hernández para señalar dos referentes esenciales. Pero la paleta de Arenas se mueve con otra energía y otras motivaciones. Con certeza éste, el artista capitalino, se ve más afectado por la vorágine de la megaurbe que habita, por la noticia diaria, por la violencia cotidiana, la estridencia y la irritabilidad callejeras, la contaminación visual y sonora.
La ironía da la clave del humor. Si en “La zoología acosada”, por ejemplo, la ironía se desdibuja ante el tránsito animal en riesgo de extinción y los gigantes como ballenas y elefantes sufren tanto como las pequeñas criaturas, pájaros, ratones, serpientes, liebres, hay un sedimento burlón en ese drama, un gesto de sarcasmo en esa marcha hacia la nada. No hay causa aparente, sólo la noción, la intuición de que es obra humana, porque no se ve al personaje, sólo se advierten sus efectos, las consecuencias de su nociva presencia, o la devastación que es su ausencia. En la serie “Perro que muerde no ladra”, el humor es frontal, sin ambages, casi al borde de la historieta. El cromatismo y la imagen buscan al espectador desde otra perspectiva formal. La zoología y los objetos se animan en un territorio dominado por el consumo y la apariencia. Son más elocuentes los impulsos figurativos del pintor, que deja atrás la tentación abstracta. El perro sirve de recurso humorístico y conmovedor en ese ámbito donde la cultura es de origen televisivo, de valores asumidos más allá de necesidades básicas o apetitos como el saber, el hambre, el vestido, el afecto, el techo: la fantasía de la hamburguesa o el sueño de la marca.
En “Sones para turistas y cantos para soldados”, el discurso pictórico de Rubén Arenas fraterniza con la paleta y los temas que motivan a otros artistas plásticos mexicanos, como es el caso notable de Gustavo Monroy. En el caso de Arenas la representación de la violencia no se deja llevar por el exceso de la metáfora, sino por el ensamble de realidades que contrastan por sus diversas temperancias, sus circunstancias, sus tensiones. Los personajes posan, aparecen, figuran, se exponen, en contextos de desastre, de crueldad, de violencia, de caos, de irracionalidad, de fenómenos naturales incontrolables, como si nada pasara. La temperatura ciudadana no corresponde con lo que hay a sus espaldas o en su entorno. Hay una mueca de sarcasmo en estas pinturas que desconcierta, incomoda o deja helado al espectador. La familia o el individuo son víctimas de la indolencia o el disimulo. El “no pasa nada”, es la constante. La negación de la realidad es convertida en metáfora visual.
Si la figura humana reaparece en la obra del artista es para incorporarla en medio de ese paisaje, de esos fondos, como si se tratara de dos mundos distintos, uno inmediato, tangible y cálido, convencional y amable; otros distantes, de apariencia irreal, casi espectáculos de cine o de televisión que no nos involucran. En ello radica la fuerza expresiva de Rubén Arenas, en esa paleta sin complacencia que nos confronta con la disociación del ojo, con la fractura emocional de un espectador que no ve lo que mira sino lo que le conviene, lo que no lo compromete. Técnicamente, se trata de una obra resuelta con oficio y el discreto encanto de la ironía.

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JOSÉ ÁNGEL LEYVA (México, 1958). Poeta, narrador, ensayista, editor y promotor cultural. Director general de la revista La Otra. Página ilustrada con obras del artista Rubén Arenas (México).

sábado, febrero 11, 2017

LA MALA NUEVA DEL MARQUÉS DE SADE | Rafael Narbona

LA MALA NUEVA DEL MARQUÉS DE SADE | Rafael Narbona

LA MALA NUEVA DEL MARQUÉS DE SADE





Joven recostada, François Boucher. Óleo sobre lienzo, 1751. Museo Wallraf-Richartz, Colonia.

La inversión de los valores postulada por Nietzsche exaltaba la vida, repudiando los trasmundos que estrangulan o postergan nuestras pasiones. Zaratustra baja de la montaña para anunciar la liberación del hombre, oprimido por dos milenios de moral cristiana. Su mensaje constituye un desafío contra la civilización occidental, basada en la metafísica platónico-cristiana, que atribuye a la historia un sentido trascendente. Nietzsche es el profeta de lo inmanente. Su nihilismo es fructífero, creativo, pues dice sí a todos los aspectos de la existencia, incluidos los más dolorosos y desalentadores. Se identifica esta actitud con el “amor fati” de los estoicos, pero hay una importante diferencia. Nietzsche no postula la serenidad que brota de la conciencia de habitar un universo regulado por leyes invariables y necesarias, sino el frenesí dionisiaco, donde no se reconoce otro principio que el azar y no hay espacio para lamentos. El querer parece una acción de futuro, pero el júbilo dionisíaco mira hacia atrás, convocando el eterno retorno de lo vivido, con independencia de su carácter placentero o adverso. Parece imposible adoptar un punto de vista más subversivo, pero lo cierto es que Nietzsche no se atreve a llegar tan lejos como el marqués de Sade, pese a seguir sus pasos durante un largo trecho. Donatien Alphonse François, marqués de Sade (París, 1740- Charenton-Saint, Maurice, Val-de-Marne, 1814) se enfrentó a la moral cristiana con la misma hostilidad, pero no se conformó con aniquilar las nociones de pecado, culpabilidad y expiación. Su pretensión era proporcionar al hombre la ferocidad necesaria para –según las palabras de Maurice Blanchot- “ser inocente a fuerza de culpabilidad; romper para siempre, por sus excesos, la norma, la ley que hubiera podido juzgarlo”.
En Diálogo entre un sacerdote y un moribundo (1782), Sade argumenta que Dios sólo añade un problema suplementario al orden natural, pues no es posible explicar o justificar la existencia de un ser inconcebible para la mente humana. La materia no es algo pasivo, inerte, sino una realidad dinámica que se organiza por sí misma. No necesita un creador que active su despliegue. En Justine, o las desventuras de la virtud (1788), Sade niega la inmortalidad del alma, aduciendo que la distinción entre cielo e infierno sólo es un recurso de la imaginación para apaciguar el miedo a la muerte y legitimar las diferencias sociales. No se muestra más comprensivo con el deísmo, una versión de la fe reelaborada por la burguesía para apuntalar su posición como nueva clase dominante. Sade afirma que la naturaleza desconoce las distinciones morales. El vicio y la virtud son categorías humanas que se deslizan en un sentido u otro, conforme a los intereses de cada época. La naturaleza no es buena, ni mala, pero limita a los hombres, aboliendo su libertad. Los excesos del libertino constituyen el apogeo de la libertad, pues trascienden el determinismo biológico. En La filosofía en el tocador (1795), Sade ensalza el crimen y el vicio. La crueldad no es una infamia, sino el definitivo desencadenamiento del hombre, triste Prometeo sometido por el odioso yugo de la virtud. El vicio es superior a la virtud porque es algo real e intensamente físico, que podemos experimentar en nuestra propia carne. El placer sexual es un hecho incontestable. Por el contario, la virtud sólo es un abstracción, un concepto sujeto a mudanzas y, por tanto, endeble y relativo. La virtuosa Justine es desgraciada, mientras que su hermana Juliette, profundamente depravada, vive dichosa, complaciendo a sus sentidos. El vicio alcanza la excelencia cuando se presenta como una acción gratuita, concebida fríamente, sin emociones. El hombre supera cualquier límite al perpetrar el mal absoluto. Sólo en ese momento es completamente soberano.
Sade afirma que Dios es el único error que no puede perdonar al ser humano, pues la sumisión a un ficticio creador entraña una humillante claudicación. El hombre que se inclina ante lo sobrenatural es un esclavo voluntario, una criatura indigna y miserable, que no se atreve a repudiar valores o engendrarlos. Pensar que la virtud y la felicidad pueden llegar a coincidir, no es menos absurdo que creer en la paz social. Somos naturaleza y la naturaleza se caracteriza por la injusticia, la violencia y la desigualdad. La única fuente de felicidad es el egoísmo, que se ríe de la virtud y desprecia las fantasías igualitarias. Nietzsche podría suscribir estos razonamientos, pero Sade considera insuficiente la libertad ilimitada de los cuatro libertinos de Las 120 jornadas de Sodoma (1785). El hombre que había pasado veintisiete años en prisión por escribir libros obscenos y protagonizar varios escándalos sexuales -infinitamente menos graves que las perversiones de sus personaje-, formuló una utopía negativa que representaba la impugnación más radical del optimismo ilustrado, donde aún subsistía la filosofía de la historia de la teología cristiana, con su ilusión de una perfectibilidad creciente. En su célebre ensayo sobre Sade (Sade y Lautréamont, 1949), Maurice Blanchot afirma que el célebre recluso de Vincennes y la Bastilla alumbró “un verdadero absoluto”, que rebasa nuestra tolerancia al horror. Es un absoluto negativo, que destaca la soledad del individuo. Los otros son inaccesibles como semejantes. La conciencia es una celda hermética. El otro sólo se hace presente como resistencia, como objeto. Su sufrimiento es irrelevante. Sólo debemos preocuparnos de nuestro placer, sin respetar ningún límite o inhibición. La libertad consiste en someter a los demás, aplicando toda clase de ultrajes y aberraciones.
La virtud hace desgraciados a los hombres. Las normas, los preceptos y las leyes constituyen un atentado contra nuestra libertad. El libertino es un artista del vicio, sin temor a nada. Ni siquiera la muerte lo intimida. Escribe Blanchot: “La virtud le da placer, porque ella es débil y él la aplasta, y del vicio obtiene satisfacción por el desorden que engendra, aunque sea a sus expensas. Si vive, no hay acontecimiento de su existencia que no pueda considerarse feliz. Si muere, encuentra en su muerte un placer más grande aún y, en la conciencia de su destrucción el coronamiento de una vida que sólo justifica la necesidad de destruir. Es pues inaccesible a los demás. Nadie puede alcanzarlo, nada aliena su poder de ser él mismo y de gozar de sí mismo”. La soberanía absoluta sólo se obtiene mediante “una inmensa negación”. Negar al otro, humillarlo, torturarlo, anonadarlo, sólo es el primer paso para negar a Dios y al mundo. En el gabinete de Sade, reina la nada. La moral es una quimera; el crimen, una realidad. “Todo es bueno cuando es excesivo”, asevera el libertino. Eso sí, hay que poseer la fuerza necesaria “para franquear los últimos límites”, lo cual significa la disposición de abolirse a un mismo, empleando la misma fiereza que se ha utilizado para destruir al otro. La compasión es inaceptable, especialmente si se dirige a uno mismo.
Retrato del marqués de Sade, por Charles-Amédée-Philippe van Loo en 1760, cuando Sade tenía veinte años.
Sade no se proponer invertir los valores, sino aniquilarlos. Su literatura es un verdadero asalto a los cielos, tal como señala Blanchot: “El criminal, cuando mata, es Dios en la tierra, porque realiza entre él y su víctima las relaciones de subordinación en la que ésta ve las relaciones de la definición de la soberanía divina”. Pero el criminal no se conforma con ser Dios. Anhela su propia destrucción, no sin dejar a su paso un rastro de ignominia: “Es necesario que el mundo tiemble al conocer el crimen que hemos cometido –afirma Saint Fond, el amo, cómplice y protector de la perversa Juliette-. Es necesario avergonzar a los hombres por pertenecer a la misma especie que nosotros”. La literatura de Sade representa la apoteosis del Mal, es decir, de una insurrección abocada a prolongar indefinidamente el eco de la muerte de Abel. En La literatura y el mal (1957), Georges Bataille afirma que Sade era “uno de los hombres más rebelde y más iracundo que jamás hayan hablado de rebelión y de rabia; un hombre, en una palabra, monstruoso, al que poseía la pasión de una libertad imposible”. Las 120 jornadas de Sodoma y Gomorra, cima de su genio literario, muestra con crudeza insuperable “todo el horror de la libertad”. Es la “mala nueva” que identifica la tierra prometida con el gabinete de torturas y el patíbulo del verdugo. Sade nunca fantaseó con la eternidad, pues entendía que la eternidad era el más abominable parásito del mundo real. En su testamento, pidió un entierro perfectamente anónimo: “Una vez recubierta la fosa, será sembrada de bellotas a fin de que el terreno y el soto vuelvan a encontrarse tupidos como eran antes y las huellas de mi tumba desaparezcan de la superficie de la tierra, como espero que se borre mi memoria de la mente de los hombres”. Sade amó el Mal hasta el extremo de inmolarse en el frenesí del crimen: “Desde un principio –señala Bataille- nos vemos extraviados en alturas inaccesibles. Nada queda de lo que vacila, de lo que modera. Es un tornado sin apaciguamiento posible y sin fin, un movimiento conduce invariablemente los objetos del deseo hacia el suplicio y la muerte. El único término imaginable es el deseo que el verdugo podría sentir de ser él la víctima de un suplicio”. Nietzsche filosofa a martillazos, pero cada golpe es una celebración de la vida. Eso sí, no oculta que la vida no es más que “apropiación, ofensa, avasallamiento de lo que es extraño y más débil, opresión, dureza, anexión y, al menos en el caso más suave, explotación”. Sade considera insuficiente el domino del más fuerte. El libertino pretende igualarse con el universo, que destruye todo lo existente con voracidad inexorable. Para Sade, el hombre es un accidente de la naturaleza. De ahí que sea prescindible. No hay que lamentar su desaparición. El universo se reinventa sin cesar. La destrucción sólo es un instante de su incesante devenir.
La “mala nueva” de Sade es tan irrealizable como indeseable, pero nos ayuda a comprender mejor la naturaleza humana, con sus deseos inconfesables y sus tendencias autodestructivas. El hombre acepta los límites que posibilitan la convivencia, pero muchas veces sueña con transgredirlos. Sade nos enseñó cómo sería un mundo sin normas e inhibiciones. El mal puede ser seductor, cuando se disfraza de desafío, rebelión o liberación. Sin embargo, su encanto se desvanece al exhibir su verdadero rostro. La pluma de Sade nos ha legado un retrato minucioso y exacto del mal. Sus libros son tan hipnotizadores como un abismo, pero no soportamos durante mucho tiempo su oscuridad, que insinúa un círculo sin fin, un tránsito inagotable y recíproco entre el placer y el dolor. “Pensamiento circular que se repite incansablemente y que, al repetirse, se destruye infinitamente –observa Octavio Paz-. Su obra es la aniquilación de sí misma”. La literatura de Sade –reiterativa, desmesurada, caótica- es un infinito turbulento que nos revela el espanto de un cosmos gobernando por la materia, sin otro más allá que el espasmo, el grito y el temblor.
RAFAEL NARBONA
Publicado en El Cultural (09-02-2017). Del blog Entreclásicos. Si quieres leer el enlace original, pincha aquí.
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