miércoles, noviembre 29, 2017

Cerrando la brecha de género en Pakistán

Cerrando la brecha de género en Pakistán



Cuando se embarcó en una investigación sobre el terreno de la crisis crónica de Pakistán hace 16 años, la directora del proyecto para el sur de Asia de International Crisis Group, Samina Ahmed, era una mujer en un mundo de hombres. Pero sus experiencias la han convencido de que para entender el conflicto es necesario incorporar con decisión las perspectivas de mujeres y niñas que con frecuencia ven sus oportunidades bloqueadas por la violencia.
“Nuestra gente no deja que las niñas estudien más allá del tercer grado (correspondiente a una edad de ocho o nueve años). Pero esta niña llora y dice: ‘Yo quiero aprender’. Y yo la quiero tanto que no tengo otra opción que mandarla lejos de nuestro pueblo, porque aquí no hay posibilidad de educación después de la escuela primaria. Ella irá a la gran ciudad, y aprenderá, y será la primera de la familia”.
Escucho estas palabras de un padre paquistaní sobre su hija allá por comienzos de la década de 2000. Sucede durante un viaje a Beluchistán, una zona que sufre los efectos de una década de insurgencia. Estoy tratando de desentrañar las causas de la militancia y el conflicto mediante reuniones con antiguos militantes, trabajadores sociales, activistas de derechos humanos y líderes religiosos.
El entusiasmo de esa pequeña niña por desafiar todos los obstáculos que se interponían en su educación todavía me acompaña, al igual que el apoyo comprensivo de su padre, a pesar de todas las barreras impuestas por la tradición. Para mí personifican los innumerables testimonios que escuché durante mis viajes. No solo influyen en el modo en el que trabajo, sino que guían mi comprensión de Pakistán y de cómo la gente —especialmente mujeres y niños, pero no solo ellos— experimentan su violencia y múltiples conflictos.

Voces que no se escuchan, fuerzas invisibles
Cerrando la brecha de género en Pakistán

Mujeres en cachemira cargan con leña. Sajjad Qayyum/AFP/Getty Images
En este día crucial para mí en Beluchistán, una región pegada a Irán y Afganistán, estoy planeando reunirme con activistas políticos seculares y liberales, que se oponen a los islamistas talibanes. En el encuentro en esta casa solo hay hombres sentados en el suelo con las piernas cruzadas, con una excepción: una niña pequeña. Respondiendo a mis preguntas, su padre explica la determinación de la pequeña a ir al colegio y alaba su carácter y su tenacidad para cumplir sus sueños.
Propone luego que yo hable con otras mujeres de su comunidad para escuchar sus perspectivas y experiencias sobre la situación en la provincia. Una ocasión como esa en una parte del país en la que los hombres y las mujeres viven vidas separadas es bastante inusual para alguien que viene de fuera. Cojo al vuelo la oportunidad y soy escoltada a la parte de la casa en la que viven las mujeres, al margen de cualquier contacto con hombres con la excepción de los parientes cercanos.
Un gran grupo de mujeres, vestidas para la ocasión, me da la bienvenida. Me rodean, emocionadas por tener la ocasión de conocer a una forastera. Comienzan por hacerme preguntas. ¿Cómo puede hacer una mujer el trabajo que hago yo? ¿Cómo puedo trabajar sola? ¿Cómo viajo largas distancias libremente? Excepto por las visitas que hacen a sus familiares una vez al año, ellas nunca se aventuran más allá de las paredes de su casa. Comienzan a compartir sus experiencias e historias sobre sus vidas. Algunas me cuentan que les gustaría recibir una educación y tener un trabajo. En sus voces hay rabia y frustración. Saben lo que quieren, pero creen que está fuera de su alcance.
Este encuentro tiene en mí un profundo impacto. Soy activista en favor de los derechos de las mujeres desde hace mucho tiempo, y fui miembro del Women’s Action Forum en los 80 durante el gobierno militar. Habiendo estudiado en una universidad de Pakistán y en el extranjero y tras trabajar en varios países, no tengo ningún problema en hacerme valer en un mundo de hombres. Pero el experimentar esta frustración real y bien argumentada tanto por parte de hombres como de mujeres en un hogar tradicional pastún me hace volver a replantearme mis ideas sobre la brecha de género.
Comienzo a comprender la importancia de integrar las dinámicas de poder y de género en mi análisis del conflicto escuchando lo que tienen que decir mujeres y niñas en las áreas que lo sufren, a pesar incluso de que públicamente sean invisibles. Me doy cuenta de que ser mujer es una ventaja en mi investigación, ya que me da acceso a las mujeres además de a los hombres. Ese día tomo una decisión consciente: redoblaré mis esfuerzos para entrevistar a mujeres además de a los hombres para comprender cómo experimentan la violencia y su visión sobre cómo acabar con ello y canalizar su potencial para ayudar a construir una sociedad más pacífica.

Los más remotos recovecos de Pakistán
En mis años en International Crisis Group viajo por todo Pakistán, desde los suburbios de su ciudad más grande, Karachi, en el Océano Índico, a los poblados de Jaiber Pajtunjuá, en la frontera con Afganistán. Hablo con gente de toda condición, especialmente de los estratos sociales más ignorados e invisibles. Esto no solo incluye las voces de mujeres y niñas, sino también las de trabajadores de partidos políticos, pescadores o granjeros que luchan para sobrevivir en terrenos a menudo duros e inhóspitos.
Como mujer, no encuentro resistencia mientras realizo mi trabajo de investigadora. Mis desafíos son aquellos a los que se deben enfrentar todas las mujeres que trabajan en Pakistán. La ausencia de aseos públicos para mujeres, por ejemplo, presenta no solo un riesgo sanitario, sino también uno de seguridad. Sin embargo, en general, durante mis viajes, incluso en las ocasiones en las que soy la única mujer en hoteles perdidos, compruebo que la gente se muestra especialmente preocupada por asegurarse de que me siendo cómoda y segura.
Al desarrollar mi actividad profesional, a veces la gente se olvida de que soy una mujer. Rara vez me tratan como a una extraña, o como una mujer que no se adapta a las normas locales. La excepción se produce en los centros urbanos donde visito madrasas o mezquitas más convencionales, aunque, incluso allí, la gente no se para a hacerme reproches abiertamente. Solo de manera muy ocasional alguien me pide que me cubra el pelo, como se espera normalmente de una mujer musulmana en Pakistán. A través de su actitud, no obstante, la gente puede transmitir que se sienten al menos incómodos, si no hostiles, ante mujeres independientes como yo.
Por supuesto, soy consciente de que no todas las mujeres paquistaníes piensan como yo. Esto se pone de relieve de manera especialmente intensa un día en una visita a Jaiber Pajtunjuá. Asisto a una sesión del parlamento local, en el que el Partido Islamista, que tiene el poder, cuenta con un gran número de representantes femeninas. Y, sin embargo, son los hombres los que hablan mientras las mujeres simplemente se sientan allí en silencio.
“¿Va usted a participar en el debate?”, le pregunto a una de las mujeres del Partido Islamista.
“No, mis líderes masculinos hablarán en mi nombre”, me contesta.
Proporcionar a las mujeres una plataforma pública a veces no es suficiente para garantizar que estas expresan sus opiniones y necesidades. En algunos casos, las mujeres en la vida pública sirven como figuras intermediarias al servicio de otros intereses.
Y sin embargo, también veo a mujeres y niñas, como aquella pequeña en esa casa remota de Beluchistán, que quieren hacerse oír, que quieren aprender, que quieren una educación, y en cuyas comunidades a veces los hombres están dispuestos a escuchar.

La paradoja de las madrasas
Las mujeres no reflejan la situación al completo, ya que los hombres también están cambiando, a veces incluso sin ser conscientes de que sucede. Me doy cuenta de esto durante mi trabajo en las madrasas, o escuelas religiosas, un reducto tan auténticamente masculino que inicialmente ni siquiera lo relaciono con las mujeres.
Yo no puedo entrar a las madrasas, así que un colega es quien tiene que hablar con los hombres allí. Pero sí puedo reunirme con los líderes de los partidos religiosos que dirigen gran parte de este sector. Contacto con un líder del Partido Islamista, que gestiona lo que posiblemente es el mayor y más extremo grupo de madrasas, donde no se enseña nada que no sea la interpretación del Corán más estricta posible. Sorprendentemente, me invita a su casa. Está claro que no me considera una amenaza como mujer. Incluso su joven hijo está presente.
“Bueno, hermana”, dice el líder del partido, “por favor, dígale a mi hijo que debería estudiar mucho”.
Maulana, ¿qué es lo que estudia el chico?”, pregunto.
“Inglés, matemáticas e informática”.
“Pero Maulana”, respondo. “¿Por qué no está en su madrasa?”.
Y él contesta: “Hermana, los tiempos han cambiado”.

Dar una oportunidad a las mujeres
Cerrando la brecha de género en Pakistán

Niñas paquistaníes en clase, valle de Swat. A Majeed/AFP/Getty Images
En 2005, viajo a Swat, en Jaiber Pajtunjuá, para hacerme una idea de lo que está sucediendo en las zonas rurales. Un guía, excombatiente herido en los frentes de Afganistán y Cachemira, me invita a su casa a conocer a su familia. Su hogar está en un pequeño y bonito pueblo de montaña donde vive con sus hijas. Su mayor problema: los obstáculos a los que se enfrenta para dar a estas niñas una educación formal.
“Sabes”, me cuenta, “ahora lo más precioso que tengo son sus vidas. Y sus futuros. Pero ¿qué tengo que pueda ofrecerles? Aquí no hay escuela. Sin eso, no pueden tener siquiera una educación como tú. Y eso es lo que quiero”.
Luego las chicas se arremolinan a mi alrededor y hablamos de lo que creen que necesita con más urgencia su pueblo. Su respuesta es sencilla: agua, porque tienen que recorrer grandes distancias para obtener simplemente la que necesitan para la casa. Una educación. A través de los años, escucho a menudo esta misma canción.
El tema de la escolarización surge de nuevo cuando intento explicar el trabajo en prevención de conflictos a una chica de 15 años en la ciudad de Gwadar en Beluchistán, una importante base naval que actualmente se ha convertido en el centro neurálgico del Corredor Económico Chino-Paquistaní. Ella responde con rabia y frustración.
“Sabes, estamos hartos de la ONU y de vosotros, las ONG. Venís aquí, habláis, nos dais sermones, escribís, una y otra vez, pero no hacéis nada por nosotros”.
“¿Qué crees que es necesario hacer?”, le pregunto.
“Mira, yo no quiero ser maestra. Quiero ser científica. ¡Pero en mi escuela ni siquiera hay un profesor de ciencias!”, dice. “Nunca seré científica a menos que tenga lo que tú tuviste, el privilegio de una buena educación”.
En ese momento aprendo mi lección. Quiero hacer algo para abordar la falta de oportunidades que se ofrecen a esta chica. La sociedad paquistaní puede parecer conservadora en lo que respecta a la educación de las mujeres pero bajo la superficie la corriente del cambio está tomando impulso.
Mi investigación por todo Pakistán ilustra el impacto que la inseguridad tiene sobre la capacidad de las chicas para recibir una educación. Todas las personas a las que entrevisté —no solo chicas jóvenes, sino también sus padres y hermanos— aseguraron que si sus hijas o hermanas pudieran desplazarse sin riesgos hasta una escuela cercana, las enviarían allí. Sin embargo, en gran parte de las zonas rurales, la gente a menudo vive lejos de los colegios; en los barrios conflictivos de las ciudades, el viaje diario a la escuela puede suponer una amenaza física. “No podemos arriesgarnos a que recorran grandes distancias. Es demasiado inseguro”, es una queja que oigo a menudo. Y cuestiona mi concepción previa de que las restricciones culturales y sociales son lo único que impide que las niñas tengan acceso a una educación en las zonas de conflicto de Pakistán.
Estas averiguaciones me llevan a escribir dos informes sobre la educación de las niñas en Pakistán. El primero, Pakistán: Reformar el sector educativo, publicado en octubre de 2004, advierte sobre el deterioro del sistema de educación del país y sobre los programas de estudios que fomenta la intolerancia religiosa y no proporcionan a los jóvenes las cualificaciones necesarias para una economía moderna y, en algunos casos, crean combatientes para los grupos yihadistas.
Vuelvo al tema 10 años después con la publicación de La reforma de la educación en Pakistán para mostrar que hay millones de jóvenes que aún no pueden ir a la escuela, los programas de estudios siguen sin reformarse y el sistema educativo continúa en un estado de alarmante empobrecimiento. El informe también plantea el problema del acceso seguro de las niñas a las escuelas, así como la necesidad de cambiar los programas de estudios como protección contra el extremismo religioso y el sectarismo.

Una interdependencia mutua
Una y otra vez recibo una lección de humildad de los activistas por los derechos humanos, los trabajadores de organizaciones humanitarias y los líderes en favor de los derechos de las mujeres que arriesgan sus vidas por todo Pakistán para promover un cambio positivo en el país. Al entrevistarlos y escribir sobre sus opiniones, llevo sus voces hasta los más importantes responsables de tomar decisiones políticas en el país. El hecho de que una de las mayores defensoras de los derechos de las mujeres, la primera mujer en convertirse en primera ministra de Pakistán, Benazir Bhutto, alabara las recomendaciones de nuestros informes comunicó a los líderes de su partido que estos debían ser una lectura esencial. Aunque a mí no me sucede, muchas de las personas a las que entrevisto son amenazadas físicamente y atacadas. Y, sin embargo, cada vez que me reúno con ellas me dan las gracias. Siempre siento que debería ser al contrario.
Tomé verdadera conciencia de la interdependencia de mi trabajo y el suyo un día en Punjab. Me reúno con un abogado que dice que reparte versiones fotocopiadas de nuestros informes entre los miembros de su colegio de abogados para sensibilizar sobre los cambios legales que necesita Pakistán, especialmente para abrir nuevas oportunidades a las mujeres. Manifiesto mi sorpresa cuando añade que compra los informes encuadernados en una librería, pese a que están disponibles gratis en nuestra página web. Él me resume la relación entre International Crisis Group, con nuestra labor de investigación y de defensa de políticas, y los activistas dedicados a estas causas. Su grupo está preparado para distribuir nuestro trabajo de este modo porque, según dice: “Hemos aprendido tanto de estos informes como vosotros habéis aprendido de nosotros”.
En 2016, al escribir sobre los diferentes estratos de violencia criminal, yihadista y etno-religiosa en Karachi, tomo mis opiniones sobre lo que está limitando a las niñas en edad escolar y compruebo cómo pueden aplicarse de una manera más amplia a la sociedad. Examino la violencia de género y cómo las mujeres son regularmente sometidas a acoso sexual cuando se desplazan a sus trabajos. Como las niñas que intentan acceder a una educación formal, descubro que las mujeres de las comunidades pobres y marginadas de esta megaciudad, el centro económico de Pakistán, tienen pocas opciones para desplazarse de forma segura a sus puestos de trabajo. Lo que las mujeres más temen es la violencia cuando salen de sus casas para ganar un sueldo con el que mantener a sus familias.
Al incorporar las perspectivas de mujeres y niñas en mis investigaciones, amplificando sus voces y analizando el modo en que experimentan la violencia endémica de algunas zonas de Pakistán, esta labor aspira a proporcionar una comprensión más rica de la violencia y el conflicto en mi país natal y animar al Gobierno a tomar medidas significativas para abordar el simple problema de la seguridad. Cada mujer que puede salir de su casa cada día para acudir a la escuela o al trabajo supone un paso hacia adelante.

La versión original y en inglés de este artículo se ha publicado anteriormente en International Crisis Group.

miércoles, octubre 18, 2017

Survival Internacional: en India se comercializan safaris humanos | Periodistas en Español

Survival Internacional: en India se comercializan safaris humanos | Periodistas en Español



Survival Internacional: en India se comercializan safaris humanos

En las islas Andamán de la India se están comercializando “safaris humanos” en la reserva de una tribu recientemente contactada, y a pesar de las promesas del gobierno de prohibir esta práctica infame, denuncia la organización Survival iInternacional en un comunicado fechado el 18 de octubre de 2917: “ Los turistas viajan por una carretera que atraviesa la selva de los indígenas jarawas, a quienes tratan como si fueran animales de un safari park”.
Un niño y una mujer jarawas junto a la carretera Andaman Trunk Road.
Un niño y una mujer jarawas junto a la carretera Andaman Trunk Road.
Un niño y una mujer jarawas junto a la carretera Andaman Trunk Road.
Un niño y una mujer jarawas junto a la carretera Andaman Trunk Road.
La operadora turística Tropical Andamans es así de explícita en uno de sus folletos promocionales: “El famoso paisaje jarawa parece el de un planeta solitario. Es la morada de las tribus más antiguas de estas islas. Las tribus conocidas como jarawas viven ajenas al mundo civilizado. Causan admiración en el mundo moderno porque se alimentan de cerdos crudos, frutos y vegetales. No hablan ninguna lengua conocida por el público general. El tono negro de su piel y sus ojos rojos te dejarán boquiabierto si te cruzas con ellos”.
La página web turística Flywidus ofrece a los turistas una mirada a las “tribus primitivas” con un viaje a través de la reserva Jarawa; y la web de Holidify describe a los jarawas como una “gran atracción” y asegura que “adoran colocarse con determinadas drogas, siendo el tabaco una de ellas”.
En 2002 el Tribunal Supremo de la India ordenó el cierre de la carretera Andaman Trunk Road, que se construyó ilegalmente a través de la selva de los jarawas, y que  a pesar de las presiones de muchos defensores de los derechos humanos para su cierre, ha permanecido abierta de forma continuada.
En 2013, el Gobierno de las Andamán se comprometió a abrir una ruta marítima para acceder a los destinos turísticos más populares de las islas, que evitaría que los turistas tuvieran que atravesar la reserva de los jarawas. Esta ruta marítima está operativa desde hace poco. Sin embargo, pese al compromiso de las autoridades de garantizar que todos los turistas tendrían que utilizar la ruta marítima, pocos lo hacen actualmente y la comercialización de safaris humanos por la carretera sigue proliferando.
En un comunicado reciente, el gobierno de las Andamán dijo que la carretera  “… debía permanecer abierta para ser usada tanto por los isleños como por los turistas, dado que esta Administración no ha adoptado ninguna decisión de cerrarla al tránsito turístico. Sin embargo, se ha aconsejado a los turistas que hagan uso del servicio de embarcaciones”.
El director de Survival International, Stephen Corry, ha declarado: “Se suponía que la nueva ruta marítima en ferri acabaría con los trayectos de autobuses a través de la tierra Jarawa y se pondría así fin a los peligrosos y ofensivos safaris humanos. Pero el Gobierno quiere que esta nueva vía sea opcional, echando por tierra dicho objetivo. Las agencias turísticas siguen vendiendo estos safaris y se benefician de la explotación de los indígenas. Los turistas éticos deberían boicotear el turismo a las islas hasta que se acabe con esto”.
Survival International tiene en marcha una campaña global contra los safaris humanos y ahora pide  un boicot del turismo en las islas Andamán mientras no se acabe con ellos. En señal de protesta, cerca de 17 000 personas de todo el mundo e han unido a la campaña de Survival International comprometiéndose a no ir de vacaciones a las islas Andamán
“Los jarawas -contextualiza el comunicado de Survival-  como todos los pueblos indígenas recientemente contactados, se enfrentan a una catástrofe a menos que su tierra sea protegida. Los safaris humanos, además de una práctica denigrante, son peligrosos: un niño jarawa perdió un brazo después de que unos turistas le lanzaran comida desde un vehículo en marcha. En 2012 salió a la luz una grabación que demostraba que se estaba obligando a las niñas jarawas a bailar para los turistas”.
Los derechos territoriales de los pueblos indígenas forman parte del derecho internacional desde hace generaciones. La clave para la supervivencia y prosperidad de los pueblos indígenas consiste en garantizar que sus tierras permanecen bajo su control.

martes, octubre 10, 2017

Violaciones y condición de la mujer en la India (Álvaro Enterría)

Violaciones y condición de la mujer en la India (Álvaro Enterría) - Instituto de Indología





VIOLACIONES Y «CONDICIÓN DE LA MUJER» EN LA INDIA

Álvaro Enterría

La brutal violación y asesinato de una joven estudiante en Delhi por un grupo de rákshasas (demonios) hace unas semanas desencadenó una gran ola de protestas por todo el país. Los medios de comunicación internacionales han recogido este hecho y, como era de esperar, lo han acompañado por evaluaciones paternalistas sobre la condición general de la mujer en la India que, a mi entender, pecan en gran medida de superficialidad y de juzgarlo todo con la mentalidad occidental actual (lo cual ocurre también con las demás civilizaciones, como el mundo islámico, etc.).

Como llueve sobre mojado, y en España me preguntan a menudo por “la condición de la mujer en la India”, querría compartir con vosotros unos pensamientos, a sabiendas de que este es un tema muy delicado que levanta muchas ampollas y pasiones en Occidente. Tengo el privilegio de conocer bien dos mundos, y soy a menudo consciente de las incomprensiones entre los dos.

Lo primero que llama la atención al ver hechos como estos es el enorme precio que está pagando la India en su modernización. Las normas de la cultura tradicional se aflojan cada vez más, dejando a mucha gente en “tierra de nadie”. En concreto, muchos campesinos, antes integrados en una cultura y forma de vida clara y con sentido (aunque, evidentemente, muy dura en ocasiones), están siendo transformados en proletarios sin raíces ni cultura. Y en esta “tierra de nadie”, un gran valor que se está perdiendo a marchas forzadas es el respeto que la cultura tradicional otorgaba a la mujer (y que aún se le sigue otorgando en muchos ambientes).

Se habla a veces de la “desvalorización de la mujer”, que viene de antiguo. Sí, esto es muy cierto, pero es sólo, en mi opinión, la mitad de la verdad. Es imposible comprender la situación de la mujer en la India sin comprender la ambigüedad, las dos caras, que la tradición ha presentado en este tema. Teóricamente, la mujer está subordinada al hombre (como en toda sociedad tradicional), pero sin embargo, en pocos lugares se ha dado tanto valor a lo femenino. De esto testifica el hecho de que la Divinidad se concibe a menudo como Diosa: la Diosa Madre, mucho más que como Padre; por otra parte, toda divinidad masculina está acompañada de su “esposa”, que es quien le da su energía (shakti), su capacidad de actuar. Por otro lado, la mujer tenía y sigue teniendo un gran poder en la familia, y la sociedad india está formada por familias antes que por individuos. Una matrona india es una de las figuras más respetadas en la sociedad.

La mayoría de las críticas que se hacen, desde un punto de vista “feminista” que se ha vuelto el punto de vista occidental “por defecto”, adolecen, a mi entender, de una gran incomprensión de base: todo cuanto se diga se hace —así lo asegura el pensamiento de la India— desde un cierto punto de vista; no hay un punto de vista absoluto, verdad o error, bueno o malo, que sea definitivo e independiente del observador. Y aquí, el observador pertenece a una cultura y el observado a otra. No se puede juzgar a una sociedad con los valores de otra.

La sociedad tradicional india es lo que se llama “orgánica”: se basa en valores comunitarios, donde priman los grupos sociales (familia, casta = comunidad), y donde no se concibe al individuo como tal, como ente independiente. Al contrario, el Occidente moderno se ha formado reivindicando al individuo como ente en sí, libre y supremo, resistiéndose a las presiones sociales. La nueva clase media india está a medio camino entre estos dos polos, si bien dirigiéndose claramente del comunitario al individualista. Así, la India se encuentra desgarrada entre dos sistemas de valores opuestos.

En la sociedad tradicional, los individuos tienen el deber de contribuir al bienestar de su familia y su comunidad; en la moderna, los individuos tienen el derecho de ser felices más allá de las presiones sociales. La “libertad” es el valor moderno supremo; el “servicio” lo es de la sociedad antigua. Desde el punto de vista moderno, “servicio”, “sacrificio”, suponen opresión; desde el punto de vista tradicional, el nuevo concepto de “libertad” es en realidad esclavitud de la persona a sus impulsos egoístas.

En cierta ocasión le preguntaron a mi mujer (Árati Náyak): “¿No crees que la mujer india no es libre?”, a lo que contestó: “Yo no entiendo ese concepto de libertad. Desde que nacemos, dependemos de nuestra madre, de nuestro padre, de nuestra familia...” A las mujeres occidentales suele parecerles terrible la condición de las mujeres en la India y otros países, pero muchas se sorprenden al saber que a mi mujer le parece terrible la condición de las mujeres en Occidente. La mujer tradicional no quiere ser “liberada” por la modernidad, aunque a menudo su hija, educada según valores muy distintos (las “English-medium schools” hacen furor en la India actual), no quiera ya ser tradicional.

Sin embargo, la tradición antigua se descompone a ojos vista, y a menudo deja un erial tras de ella. Una tierra de nadie que es pronto ocupada por los valores en alza: el dinero y la satisfacción inmediata de los deseos, que las normas antiguas mantenían a raya. Es así muy cierto que han aumentado mucho las injusticias y el mal trato a las mujeres. Cuando se pierde el respeto que se las otorgaba, a veces sólo les queda a las mujeres el valor económico, sexual y práctico. En una economía crecientemente monetaria, las mujeres no suelen controlar el dinero, la fuente moderna de poder. Y la pobreza, el desraizamiento y el abuso del alcohol, cada vez más extendido, extreman aun más la situación.

Otro cambio reciente (apoyado por el cine y los medios de comunicación) es presentar a la mujer como “objeto de deseo sexual”, algo que es extraño a la cultura tradicional, al menos desde ese punto de vista. La sexualidad era encauzada antiguamente mediante los matrimonios tempranos (algo espeluznante para la mentalidad moderna, que no se aflige tanto sin embargo por la promiscuidad sexual de los adolescentes). Tampoco la India antigua era puritana, como se ve fácilmente en su arte; parece que fueron los musulmanes y los británicos quienes impusieron normas más rígidas. Ahora, con los cambios recientes, la atención de los jóvenes (y no tan jóvenes) se dirige cada vez más hacia el sexo, hasta llegar en ocasiones a la obsesión. Es sabido que en las grandes ciudades (y especialmente en Delhi), en los autobuses, en la calle, las chicas son acosadas a menudo por jóvenes que intentan tocarlas. De las grandes megalópolis indias, las ciudades más “seguras” para las mujeres son Chennai (antigua Madrás) y Kolkatá (antigua Calcuta): las ciudades más conservadoras y tradicionales. Los enormes cambios a los que está sometida la sociedad india la están haciendo pasar a grandes pasos del ideal antiguo, la renuncia por el bien común (tyaga), al disfrute y la búsqueda de placer (bhoga).

Con todo esto que antecede no pretendo atacar los valores que rigen en Occidente, plenamente válidos en su entorno. Lo que siempre me indigna es el impulso “misionero”, rémora de su historia, mediante el cual Occidente pretende (casi exige) que todo el mundo se comporte igual que él, y sostiene que su “religión” es la única verdadera: el famoso “siglo XXI”, que por lo visto sólo puede ser de una manera.

Imaginemos que los medios de comunicación de la India empezaran a publicar artículos y documentales sobre “la terrible condición de los ancianos” en Europa: abandonados a menudo a su suerte por sus hijos, recluidos en residencias donde sólo esperan la muerte, sin que la sociedad los respete por su sabiduría ni les dé un papel que otorgue sentido a su vida. Otro tanto se podría escribir sobre “la condición de los niños”, creciendo en entornos familiares inestables y sin recibir a menudo el amor y la atención que necesitan. Claro, si los criterios son asistencia hospitalaria, medios económicos, buenas escuelas, etc., los países europeos nórdicos estarían a la cabeza del mejor trato a los ancianos y a los niños; si el criterio es el amor y un entorno afectuoso y de seguridad, el respeto y el sentido de la vida, India estaría muy por encima.

Por otro lado —y esto lo reconocen muchos periodistas—, el hecho de que haya habido una reacción de tal calibre a estos hechos brutales es un signo de que la sociedad india es muy dinámica y quiere luchar por resolver sus lacras. Lacras que tienen todas las sociedades, aunque las propias suelen resultar mucho más invisibles que las ajenas.

miércoles, septiembre 27, 2017

Versiones de la Revolución Rusa

Versiones de la Revolución Rusa





Hayas sido comunista, lo seas, seas anarquista ( Majnó), revolucionario por cuenta propia, LA REVOLUCIÓN RUSA no puedes dejar de considerarla como uno de los grandes hitos de la Historia de la Humanidad.

Supuso y porto todas las ESPERANZAS, todas las ansias de LIBERTAD Y DIGNIDAD, y abrió laS puertas de par en par, a los grandes cambios sociales, hizo evidente que CAMBIAR EL MUNDO ERA POSIBLE, Y QUE ESE CAMBIO ESTABA EN LAS MANOS DE LOS PUEBLOS.

También hizo patente que los ENEMIGOS DE LA LIBERTAD, DE LA IGUALDAD, DE LA FRATERNIDAD, son enormemente poderosos, y ese PODER SE LO DAMOS NOSOTROS MISMOS.







Versiones de la Revolución Rusa

Retrato de Lenin en una manifestación por el Día de los Trabajadores en Moscú, Rusia. Natalia Kolesnikova/AFP/Getty Images




Una lista de películas, novelas, documentales, testimonios, ensayos… para sumergirse en unos de los episodios históricos más relevantes del siglo XX.

Versiones de la Revolución RusaOctubre  
Serguéi Eisenstein
1928
Rodada en 1927 para conmemorar el décimo aniversario de la Revolución de Octubre, esta película muda se basó en el libro de John Reed, Díez días que estremecieron al mundo, centrado en los acontecimientos que tuvieron lugar en San Petersburgo entre abril y octubre de 1917. Como en su anterior film, El acorazado Potempkin, considerada su obra maestra, Eisenstein ofrece una película de propaganda soviética que es, al mismo tiempo, un buen ejemplo de su innovador arte cinematográfico basado sobre todo en el montaje. En la cinta no hay personajes principales. La Revolución es presentada como un logro colectivo del pueblo ruso en su conjunto. Para ofrecer una mayor veracidad al relato, además de contar con actores profesionales, también se usan imágenes originales de Lenin o Trotsky.







Versiones de la Revolución RusaLa rosa roja. Biografía gráfica sobre Rosa Luxemburgo

Versiones de la Revolución Rusa

Kate Evans

Rosetta, 2017



Rosa Luxemburgo fue una de los intelectuales más destacados dentro de los movimientos de izquierdas del continente europeo a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Nacida 1871 en una Polonia controlada por el Imperio ruso, su actividad política más destacada se desarrolló en Alemania, primero en el Partido socialdemócrata y más tarde en la Liga Espartaquista. Participó en la Revolución de 1905 mientras vivía en Varsovia, pero no llegó a participar directamente en la Revolución de 1917 porque se encontraba cumpliendo desde 1916 una pena de prisión de más de dos años. Aunque era profundamente partidaria de la Revolución como objetivo, no tardó en mostrarse crítica con los líderes bolcheviques por su modo de conducirla. La británica Kate Evans ilustra los momentos más destacados de la biografía de una activista que fue asesinada de un tiro en la cabeza en Berlín, en 1919, en el marco de la brutal represión que el entonces gobierno socialdemócrata –el primero de la República de Weimar–, aliado con milicias nacionalistas,  desplegó contra los revolucionarios espartaquistas.







Versiones de la Revolución RusaCaballería roja

Versiones de la Revolución Rusa

Isaak Bábel

Galaxia Gutenberg o RBA, 2011



Isaak Bábel, nacido en Odessa en 1894, se sumó desde el principio con entusiasmo a la corriente revolucionaria que prometía transformar de una vez por todas el viejo Imperio. Por aquel entonces, el joven Babel vivía en San Petersburgo y había publicado ya algunos relatos en una revista dirigida por Máximo Gorki. Su verdadera formación como escritor, sin embargo, se completaría en los años siguientes, cubriendo como periodista los acontecimientos revolucionarios y la guerra civil. Fue de especial importancia la temporada que pasó siguiendo como reportero al Primer Ejército de Caballería del Mariscal Budionni durante la Guerra Polaco-Soviética. Bábel, un intelectual judío miope poco preparado para la vida salvaje del frente, compartió sus días con curtidos jinetes cosacos, conocidos históricamente por su participación en pogromos antisemitas. De aquella experiencia surgirán los relatos de Caballería Roja. La mirada de Babel destaca el sinsentido –y la belleza– de la guerra con un estilo que influenciaría a muchos escritores posteriores y contemporáneos, como Ernest Hemingway. Sin duda es una de las mejores obras literarias del siglo XX ruso. Babel sería purgado por Stalin 20 años después. Apenas escribió nada en sus últimos días, incapaz de sumarse al realismo literario soviético impuesto desde el régimen estalinista.







Versiones de la Revolución RusaVersiones de la Revolución Rusa

Marina Tsvietáieva Acantilado, 2015















Días malditos. Un diario de la Revolución

Iván Bunin

Versiones de la Revolución Rusa

Acantilado, 2017



La poeta Marina Tsvietáieva, figura esencial de la poesía rusa, llevó un diario durante aquellos días caóticos de la revolución. Asistimos a sus viajes, a sus dificultades para sobrevivir, y leemos descripciones de la vida cotidiana complicada por la carestía y la violencia arbitraria en las calles. Tsvietáieva, casada con un poeta colega de generación que militó en el bando blanco, se exiliaría de Rusia tras la Revolución, pero terminaría regresando para estar más cerca de su hijo, enviado al gulag. Su hija también pasaría más de tres lustros en los campos de trabajo.  Por su parte, el escritor Ivan Bunin se muestra mucho más agresivo contra los bolcheviques en sus diarios que Tsvietáieva. La mayoría de las páginas están dedicadas a resaltar el “Terror Rojo” que se fue extendiendo por el viejo Imperio zarista entre Moscú y Odessa, ciudad a la que muchos miembros de la burguesía, entre ellos el propio escritor, habían viajado con la esperanza de abandonar el país en uno de los barcos que zarpaban llenos de refugiados. Escritor famoso en los años previos a la Revolución, heredero del estilo de Antón Chéjov, Bunin se exilió en 1909 en París, para no regresar jamás a su país. Sería el primero escritor ruso en recibir un Premio Nobel en 1933. Murió a finales de 1953, así que tuvo la suerte de sobrevivir durante unos pocos meses a Stalin.







Versiones de la Revolución Rusa

Rojos

Versiones de la Revolución Rusa

Warren Beatty



1981



John Reed, autor del ya mencionado libro de crónica periodística sobre la Revolución Rusa Diez días que estremecieron al mundo, tuvo una vida intensa. Además de estar implicado en algunas de las luchas obreras más destacadas de su tiempo en Estados Unidos, informó sobre la revolución mexicana y fue corresponsal en el frente oriental durante la Primera Guerra Mundial. La película de Warren Beatty, de más de tres horas de duración, se ocupa sobre todo de su compromiso político en EE UU y de sus dos estancias en Rusia, país en el que falleció a causa del tifus a la edad de 37 años. Algunos de los personajes que aparecen en la película y que tuvieron relación estrecha con Reed, como Emma Goldman o Eugene O’Oneil, fueron figuras políticas e intelectuales esenciales en el desarrollo de los movimientos políticos y sociales de izquierdas en Estados Unidos durante el primer tercio del siglo XX. Reed es el único estadounidense enterrado en el mausoleo de las murallas del Kremlin.



 Versiones de la Revolución RusaEl meñique de Buda

Viktor Pelevin

Versiones de la Revolución Rusa

Mondadori, 2006



El joven Pytotr Voyd vive en un tiempo propio, a caballo entre el Moscú postcomunista que naufraga en el torbellino controlado por la mafia del recién descubierto capitalismo y la Rusia revolucionaria atravesada por las columnas del comandante rojo Chapáyev. El escritor ruso Viktor Pelevin, uno de los más originales de las letras rusas tras el derrumbe de la Unión Soviética, ofrece en El meñique de Buda una novela peculiar que, además de oscilar entre tiempos y lugares, utiliza con desenvoltura referencias de cultura pop que describen bastante ajustadamente (o casi) la delirante realidad rusa de la década de los noventa, cuando muchos rusos sentían que vivían en un país a la deriva. No es casual que lector descubra que el joven Pytotr Voyd está ingresado en un psiquiátrico y que las escenas de la revolución que le acosan son sólo reales en su mente. Las calles de Moscú en los 90 no resultaban mucho más acogedoras. Las obras postmodernas de Pelevin supusieron un cambio de rumbo en la literatura rusa y tuvieron cientos de miles de lectores, especialmente entre los miembros de las generaciones más jóvenes quienes, a diferencia de sus mayores, no tenían experiencia de la pasada historia rusa como tragedia: su realidad se limitaba a un presente caracterizado únicamente  por la farsa.



Breve historia de la Revolución rusa

Mira Milosevich

Versiones de la Revolución Rusa

Galaxia Gutenberg, 2017



Hay numerosos buenos libros de historia sobre la Revolución Rusa en castellano. Desde clásicos de la historiografía como el de E. H. Carr, hasta obras más recientes como las de Orlando Figes o Richard Pipes, dos referencias contemporáneas en el campo de la historia contemporánea rusa. El lector puede optar asimismo por el relato de uno de sus protagonistas: la historia de la Revolución escrita por León Trotski, con una reciente edición en castellano. En los últimos meses se han publicado también obras que condensan el relato de la Revolución en muchas menos páginas para aquellos que quieran abordarla con más concisión. Uno de ellos es esta breve historia escrita por Mira Milosevich, profesora de relaciones internacionales la IE University y analista del Real Instituto Elcano y de la Fundación Faes. Milosevich, especializada en la política y la sociedad rusa del siglo XX, analiza las dinámicas que, a su entender, condicionaron el estallido revolucionario, y sigue su evolución desde la creación del “primer Estado  socialista comunista bolchevique” hasta el momento presente. “Sólo los hechos posteriores a la Revolución revelaron cuáles habían sido sus verdaderos motivos”, afirma Milosevich. Una afirmación tan cuestionable como estimulante para seguirla en su recorrido por el siglo XX soviético en algo menos de trescientas páginas.



Doctor Zhivago

Versiones de la Revolución Rusa

David Lean 1965



Superproducción de Hollywood dirigida por el maestro David Lean, la película se basa en la novela del escritor ruso Boris Pasternak, que había recibido el Premio Nobel unos años antes. Al igual que el libro, el film abarca varias décadas de la historia rusa, desde la época zarista hasta los años 30. Aunque la Revolución y la consiguiente guerra civil que arrasó el país durante varios años son los acontecimientos esenciales que marcan las vidas de los protagonistas, el trío amoroso formado por Yuri Zhivago, Lara y Tonia convirtió a la novela y a la película en una obra emblemática sobre el amor en tiempos de cólera. Las circunstancias que rodearon a la publicación de la novela se enmarcan en la lucha por la hegemonía cultural que se libró durante la guerra fría. Pasternak, al igual que su personaje, terminó desencantado del régimen que nació tras la Revolución. Aunque en el caso de Pasternak, que llegó a sentir una fascinación casi mística hacia Stalin, ese proceso de desencanto tardó unos cuantos años más en completarse. Durante sus últimos años de vida, el autor se convirtió en un personaje complejo dentro de la órbita cultural estalinista: tolerado –nunca llegó a padecer la represión intensa de otros compañeros de generación literaria–, pero incómodo para un régimen al que repugnaba su individualismo literario.



 Octubre

China Miéville

Versiones de la Revolución Rusa

Akal, 2017



El escritor británico China Miéville ofrece un ensayo sobre la Revolución con un punto de vista que, reconoce en el prólogo, no es imparcial: es una historia en la que tiene sus héroes y villanos. No lo oculta, dice, pero espera que el lector, sea del signo que sea, pueda reconocer que ha tratado de ser justo al describir la participación de unos y otros en los acontecimientos históricos que describe. Tras un primer capítulo en el que explica los antecedentes de la revolución de 1917, cada uno de los nueve capítulos siguientes están dedicados a un mes de ese mismo año, comenzando en febrero. En el epílogo, Miéville ofrece unas reflexiones finales sobre las consecuencias de la Revolución de Octubre en Rusia, la “zona cero para cualquier discusión sobre un cambio social radical y esencial”. A un siglo de distancia, sobre las consecuencias de la Revolución Rusa, parafraseando al ex primer ministro chino Zhou Enlai cuando le preguntaron por la Revolución Francesa, podría decirse que aún es demasiado pronto para poder juzgarlas en toda su complejidad.

Lénine, une autre histoire de la révolution russe 

Versiones de la Revolución Rusa

ARTE

2017



Emitido este mismo año, este documental francés del canal ARTE resume en poco más de hora y media el proceso revolucionario ruso de 1917. Usando casi exclusivamente filmaciones y fotografías de época, se detiene en las fechas más importantes de aquellos convulsos meses, prestando especial atención al proceso de enfrentamiento político entre el gobierno provisional de Kerenski y los bolcheviques encabezados por Lenin. Uno de los hilos conductores son los escritos de Nikolái Sujánov, periodista y político menchevique que escribió una crónica a pie de obra del proceso revolucionario y terminaría siendo fusilado por el régimen estalinista en 1940. En el DVD se incluyen entrevistas con varios especialistas franceses en la historia rusa, como la sovietóloga Hélène Carrère d’Encausse.






miércoles, septiembre 20, 2017

Harry Dean Stanton: el oscuro mapa del corazón

Jot Down Cultural Magazine – Harry Dean Stanton: el oscuro mapa del corazón



Harry Dean Stanton: el oscuro mapa del corazón

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Harry Dean Stanton, 2013. Fotografía: Michael Buckner / Getty.
Una vida entera disfrutando del trabajo de Harry Dean Stanton (1926-2017). Es una suerte cuando su nombre aparece en el reparto de alguna película, no importa género, presupuesto o calidad. Él siempre la engrandece. Conservaremos el recuerdo de su admirable galería de personajes. Es una figura reconocible por su físico, voz y autenticidad, esa cualidad inasible que pocos actores consiguen de forma tan inmediata, con una frase o una mirada. Sus registros son difíciles de encasillar en el mapa de arquetipos masculinos, cortados por los esquemas tradicionales. Stanton ha dado vida a hombres perversos y extraños, pero también algunos de los más enternecedores que se han visto en la pantalla. Es el outsider sin causa, atravesado por enormes crisis y vacíos que se expresan en un leve gesto. Con él se ha retratado fielmente la interzona de Estados Unidos: la que transcurre por caminos secundarios, la del desierto y la frontera con el sur. El cowboy venido a menos, la vida de los moteles, la conducta al margen del dictado. El músico ambulante, el preso, el chiflado, el barfly y el detective sin suerte. El fracaso y la renuncia como lema existencial, carga ligera y un poco vanidosa, habían sido escritas en los rasgos de su cara.   
Ficción y biografía se mezclan en Harry Dean Stanton. Pocos actores han expresado como él la propia personalidad y sus conflictos a través de las interpretaciones. Con sus gestos y la voz dulce, privilegiada, del cantante que también fue, Stanton volcó en el cine una vida a contratiempo. La familia rota, la soledad y el amor no correspondido, el silencio frente al ruido de la industria y los focos, todo eso brilla en sus actuaciones, mucho más elocuente que una confesión en primera persona, y en ocasiones francamente dolorosas de contemplar.  Actor veterano de cine y televisión desde 1958, secundario de lujo lo mismo en grandes estudios como en productoras independientes, no tendría un papel protagonista hasta 1984, cuando Wim Wenders le puso en la piel de Travis Henderson, en Paris, Texas. Con casi sesenta años, ese personaje le convirtió en leyenda para un nueva generación de espectadores y se abrió para él una era dorada cuando lo había hecho casi todo.
Antes había sido pieza imprescindible de numerosas películas, obras maestras del mejor cine de su tiempo que no se comprenden sin su trabajo. Fiel a su persona, a poner en cada personaje la esencia de sí mismo, ha mantenido hasta los noventa y un años el mecanismo de ocultarse mientras se desvelaba en cada película. Conforme se acercaba el fin, ha seguido brindando personajes inolvidables y algunas claves acerca de tan arriesgada puesta en práctica vital. Este es un somero repaso a su monumental carrera.
Harry Dean hizo sus primeros trabajos, pequeñas apariciones en series de televisión y producciones del oeste, a finales de los años cincuenta, todavía con el nombre de «Dean Stanton», que amplió después con su primer nombre, Harry, para no ser confundido con otro actor. Su primer secundario relevante fue en A través del huracán, película independiente dirigida por Monte Hellman en 1965, por mediación de su amigo y compañero de piso de entonces, Jack Nicholson, que escribió la historia. Stanton, con bigote a lo Pancho Villa, interpreta al pendenciero ladrón de ganado, con parche en el ojo, que causó la admiración de Hellman y le convertiría en uno de sus actores fetiche. La vida beatnik junto a Nicholson y su pandilla (Bruce DernCameron MitchellDiane Ladd…) le dio papeles en películas de serie B sobre moteros como The Mini Skirt Mob (1968) y The Rebel Rousers (1970). De 1968 es un clásico de los programas dobles, Las pistolas del infierno, donde Stanton interpreta a uno de los soldados desertores con quien se enfrenta Glenn Ford en la búsqueda de su familia secuestrada por los apaches. En el 76, Nicholson y Harry volverían a trabajar juntos, haciendo de cuatreros convertidos en honrados rancheros, en guerra con un histriónico Marlon Brando en Missouri, AKA Duelo de gigantes, uno de los wésterns de Arthur Penn.
Si Stanton siguió algún método como actor, lo tuvo que aprender de su maestro, el añorado Warren Oates, aparte de los consejos de Nicholson («Tú deja que lo hagan todo en vestuario»). Las películas que compartió con el gran intérprete están entre lo mejor de su filmografía, y eso, tratándose de una lista de casi trescientas en la que no hay demasiados tropiezos, no es una afirmación gratuita. Tras Ride The Whirlwind, Hellman le incluyó en el reparto de Carretera asfaltada en dos direcciones (1971), la película más sobresaliente de la carrera del director y una de las más importantes de la década, road movie existencial de dos hippies que corren en un Chevrolet (James Taylor y Dennis Wilson), enfrentados al conductor veterano (Oates), y los personajes que se encuentran en la carretera. Stanton es uno de ellos, en un papel memorable como autoestopista gay.
Dillinger (1973), el retrato  filmado por Hellman de los años veinte y este famoso atracador de bancos, tiene en Stanton una de sus mejores interpretaciones, como miembro de la banda y la famosa frase «¡Hoy no es mi día!», así como una de las muertes-ejecuciones más espectaculares de la pantalla:
La última colaboración con Hellman fue un duelo mano a mano con Warren Oates, en Peleas de gallos (1974), excepcional drama sureño de la productora de Roger Corman sobre el mundo de las apuestas ilegales. Una película para ser recuperada:
A Harry Dean no le interesaba en absoluto la ciencia ficción ni «las películas de monstruos» (en sus propias palabras), pero formó parte de la tripulación de Nostromo en Alien de Ridley Scott, y como el resto de los actores y actrices de esa película, no podemos entenderla sin él. Su papel como Brett, el bienhumorado técnico que busca al gato de la nave y es quien descubre por primera vez —y sucumbe— ante el xenomorfo:
Pese a su desgana por el género, Stanton participó en varias joyas a lo largo de los años. En 1980 trabajó con Bertrand Tavernier en La muerte en directo, una magnífica y terrible historia sobre los realities que filmaban la agonía de una enferma terminal (Romy Schneider), a través de la cámara implantada en el ojo de un empleado del programa (Harvey Keitel), a cuyo ambicioso productor interpretaba Harry.
También aparece en la taquillera Amanecer rojo (1984, John Milius), la ucronía sobre unos Estados Unidos invadidos por los soviéticos y solo con la esperanza de la liberación depositada en los chavales del brat pack de los ochenta, Charlie Sheen Patrick Swayze a la cabeza. Está magnífico en Escape de Nueva York, (1981) el clásico de John Carpenter, como Cerebro, del comando que lidera Kurt Russell, el Serpiente. Pero su papel más recordado en este estilo (y uno de los más importantes de su carrera, desde luego) será el de Bud, el «riguroso» instructor de Emilio Estévez como recuperador de coches, en la fantasía punk Repo Man (1984), que tantas veces vio Tarantino para escribir Pulp Fiction, por ejemplo.
Como actor completo y absolutamente versátil, Stanton tenía una vis cómica muy disparatada y física que explotaron varios directores en comedias de mucho éxito: La recluta Benjamín (1980), Los locos del bisturí (1982) y Abajo el periscopio (1995). Un tipo que por su vida podía haber sido un personaje de Hunter S. Thompson no faltó como invitado en la adaptación de Terry Gilliam de Miedo y asco en Las Vegas (1999):
Paris, Texas
Sam Shepard era amigo personal de Harry Dean Stanton. Los dos habían trabajado en una película de 1975, Rancho Deluxe, un wéstern de esos que llama la crítica «crepuscular», pero creo que el adjetivo debería ser «posmoderno»,  porque trata sobre dos tipos (Shepard y Sam Waterston) que se meten a ladrones de ganado más por aburrimiento que por necesidad.
El director alemán Wim Wenders se encontraba a principios de los años ochenta viajando por Estados Unidos con la intención de rodar una película al estilo de los clásicos, una road movie que ya había probado en la estupenda Alicia en las ciudades (1974), pero esta vez con reparto y temática puramente norteamericanas. Su guía era el libro Crónicas de motel, de Shepard, y el deseo de que este fuese el protagonista, pero el escritor estaba pensando en otros actores cuando concibió la historia, al principio muy centrada en la relación de dos hermanos que han perdido el contacto; después, sobre la familia perdida de uno de ellos (en colaboración con Kit Carson, marido de Karen Black).
Con el guion sin acabar, comenzó el rodaje de Paris, Texas. El actor elegido al final fue Stanton, que tras años y años de secundario llevaba una vida esperando esta oportunidad. A su lado, el veterano Dean Stockwell, que antes de ser llamado por Wenders, estuvo a punto de dejar el cine, harto de que nadie le contratara. Para ambos la película fue un renacimiento, una feliz epifanía. En el caso de Stanton fue algo más, pues sin desmerecer el gran trabajo de Stockwell, lo que hace Harry con su personaje de Travis Henderson es resumir en él todo lo aprendido en treinta años y componer el retrato más apasionante del cine de su época. Un hombre sin memoria que ha permanecido largo tiempo aislado en el estupor del alcohol debe reconstruir su pasado y emprender un viaje de vuelta a la realidad, donde hacerse cargo de sus errores. Aunque Wenders no estaba muy convencido de que Stanton fuese el actor idóneo para la película, a causa de la diferencia de edad entre él y la protagonista, Nastassja Kinski, no hubo error posible. En él se concentra la tradición del cine clásico, pero también el rostro del moderno cine independiente de los setenta, crucial para los directores europeos. Paris, Texas es una película magistral a todos los niveles, pero nunca se olvidará el trabajo de Harry Dean, esa primera parte donde no dice palabra y sus gestos comunican un universo de significados.
David Lynch. De repente, un actor muy raro
Paris, Texas descubrió a dos grandes actores para el público de los años ochenta y, sobre todo, los puso delante de alguien que vio en ambos las dosis de extrañeza necesarias para encajar como un guante en su universo artístico. A Dean Stockwell, David Lynch lo contrató para Blue Velvet (1986), y con Stanton ha mantenido una larga relación desde 1988. Fue protagonista de la comedia descacharrante El vaquero y el francés, de una serie de películas sobre tópicos y costumbres de los franceses, que se incluyó en la colección de cortos del director.
En 1990, Lynch volvió a reunir a Diane Ladd y Dean Stanton para Corazón salvaje. La relación entre ambos personajes, la madre malvadísima, ciega de venganza, y el ingenuo detective, enamorado de la madre de Lula, es una de las mejores bazas de esta gran película. Para el reparto de Twin Peaks: fuego camina conmigo (1992), el universo ampliado y desgarrado de la serie, Stanton también obtuvo su personaje, que resultaba mucho más amenazador entonces que en su versión de 2017, en la tercera temporada donde también le hemos visto. Lynch no se cansaba de Harry: contó con él para su fallida serie Hotel Room (1993) y apareció brevemente en Inland Empire (2006), en unas escenas maravillosas sobre la naturaleza del cine. Pero por encima de todas, el trabajo más increíble que Stanton hizo con David Lynch se resume en la escena final de Una historia verdadera (1999). La odisea del protagonista, Richard Farnsworth, ese largo viaje que emprende a lomos de su segadora, tiene como destino reencontrarse con su hermano, muy enfermo y con quien hace años no se habla. Es un reverso, sencillo, delicado y abrumador, del destino de Travis en Paris, Texas y un homenaje espléndido de Lynch a su actor, y a Farnsworth también.
Quiero bailar con Harry Dean, conducir por Texas en una limusina negra, quiero un pedazo de cielo antes de morir. (Debbie Harry, «I Want That Man», 1989)
En La leyenda del indomable, obra maestra de Stuart Rosenberg de 1967, Stanton es uno de los presos de la cárcel sureña que acompaña a Paul Newman y que en el rodaje enseñó a cantar al actor la balada que este interpreta cuando recibe la noticia de la muerte de su madre. El propio Harry canta el góspel «Just A Closer Walk With Thee» en una escena maravillosa:
Stanton fue guitarrista y cantante toda su vida. Actuó con varios grupos y se rodeó de músicos afines, con raíces en el country, el blues y el tex-mex. Amigo de Kris Kristofferson, trabajó con él en Cisco Pike (Bill Norton, 1971), donde era Jesse Dupré, el amigo del cantante fracasado metido a traficante de drogas. También interpretó a un cantante country en el biopic sobre Janis JoplinLa rosa, protagonizado por Bette Midler (Mark Rydell, 1979). En el rodaje de Pat Garret y Billy el Niño (Sam Peckinpah, 1973), Stanton y Bob Dylan se hicieron amigos y se los pudo ver actuar juntos de manera informal o en el escenario; concretamente, en aquella película (vamos a llamarla película) realizada por el propio Dylan, Renaldo y Clara (1978), Harry aparecía tocando con él. Años más tarde, Dylan lo hizo protagonista de un vídeo promocional, la canción «Dreaming of You», canción para Time Out of Mind que se editó en The Bootlegs Series (2008):
Harry grabó algún disco con canciones clásicas del country, pero ninguna como esta versión de la tradicional «Canción Mixteca», que se incluía en la banda sonora de Paris, Texas, compuesta por Ry Cooder. Es todo, la imagen de Travis, música y voz, una pieza que no necesita más explicaciones que la emoción que transmite.
Me interpreto a mí mismo todo el tiempo, delante y fuera de la cámara. ¿Qué otra cosa puedo hacer? (Harry Dean Stanton en el documental Partly Fiction, de Sophia Huber, 2012)
Podemos ver diversos documentales donde Harry habla de sí mismo y de su trabajo. El último es Partly Fiction. En realidad, el actor no dice gran cosa que no sepamos ya. Se muestra como un anciano extravagante que parece no entender lo que le dicen y responde con otra cosa o dice una gracieta cuando le preguntan sobre temas comprometidos. Especialmente si tienen que ver con su familia, sus relaciones sentimentales, los supuestos hijos, su ámbito más privado. No tiene reparos en hablar de su afición al alcohol y las drogas o describir un existencialismo un poco burlón, pero nada de detalles concretos acerca de lo que ha sucedido en su vida fuera de los platós y los bares. Quizá, y esto es una afirmación, porque no habido otra cosa. Ni David Lynch lo consigue, en una entrevista al estilo Pedro Almodóvar, llena de cigarrillos, que Stanton sortea con habilidad haciéndose el tonto. Lo importante, lo real, nos dice siempre, está en los personajes que ha interpretado. En esa especie de biopic que todavía no se ha estrenado, Lucky (John Carroll Lynch),  y en tantas figuras que han sembrado de verdad el cine, pequeñas obras llenas de humanidad y valor. El malvado predicador ciego de Sangre sabia (John Huston, 1979); el soldado Willard de Los Violentos de Kelly (Brian G. Hutton, 1970); el amigo incondicional de Dustin Hoffman en Libertad condicional (Ulu Grosbard, 1978); el pelo de Moe en Corazonada (F. F. Coppola, 1982); el severo Pablo de Tarso en La última tentación de Cristo o el padre de Molly Ringwald en La chica de rosa (John Hughes, 1986), un personaje este último, cuya expresión, gestos y sonrisa vale más que las carreras de varias estrellas de Hollywood.